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Tediósfera

La muerte tiene permiso

La muerte tiene permiso

Los seres humanos no alcanzamos a entender la muerte simple. El deceso porque sí. Exigimos explicaciones, paraísos, rituales. Necesitamos culpables, blancos para nuestros disparos. El destino, los doctores, el gobierno. Nadie puede morirse sin dejar circunstancias que ameriten la sospecha. Incluso, ante la ausencia de responsables tiende a decirse “sólo Dios sabe por qué hace las cosas”.

El cine de terror explota esa necesidad de una muerte barroca. Freddy se mete en los sueños y Chucky necesita un cuerpo donde vivir. Los asesinos múltiples son moralistas obsesivos o desean la venganza (Halloween y Viernes 13). Jack Frost es el producto de un baño radioactivo. Quizás la más actual de las versiones acerca de una muerte segura pero enredada sea Destino Final. Nadie se salva, pero la tragedia tiene que venir envuelta en un empaque complicado de abrir. Nada tan terrorífico como esperar el encuentro con nuestro destino. La cinta explora la paranoia de todo intento de salvación.

En los filmes de terror nadie muere absurdamente como sí sucede en la realidad (el poeta Esquilo murió cuando le cayó una tortuga del cielo). Los asesinatos se sostienen dentro de la lógica del demente que los ejecuta, aunque no haya motivos entendibles para los “normales” como nosotros. Sin embargo, dentro de las exigencias del género, hay explicaciones para morir que llegan francamente al cliché. Y es verdad que no contamos con nadie más talentoso para la reiteración de motivos que Stephen King. Su catálogo literario incluye con insistencia cementerios navajos, niños autistas con poderes y, en gran medida, extraterrestres. El planteamiento y desarrollo de It (elogiado por un buen número de espectadores) alcanza los límites de lo vomitivo (pero no como recurso de género) ante la aparición de una araña gigante a la que hay que vencer. Hay muchas cosas en el cine que sólo deberían llegar hasta la mitad.

Fuera de lo sobrenatural, otro extremo del cine de terror exhibe las profesiones más comunes y su aplicación sádica. Películas como El dentista examinan nuestros miedos acerca de gente que bien puede esconder un loco detrás de sus batas blancas. El catcher es un caso aparte, porque ¿cómo diablos el deporte puede llegar a ser sangriento y memorable, salvo cuando se trate de softbol entre colonias o de la Liga de Madrugadores?

Una película es efectiva sólo si actúa después de la función. (Un día un tipo le reclamó a Hitchcock que su esposa ya no se bañaba en la regadera después de ver Psycho, a lo que director respondió: “pues mándela a la tintorería”). Pero el cine de terror se está volviendo por un lado más cómico y por otro más benevolente: siempre hay alguien que vive para contarlo. Esa región masoquista de nuestro cerebro, que requiere sobresaltos en la butaca, se frustra cada vez más con los últimos filmes. Tal vez haya que volver a los canales de televisión para experimentar de nuevo ese miedo en nuestro organismo. Y no me refiero solamente a las versiones dobladas de algunos clásicos del género. La realidad mexicana siempre nos regala otros motivos.

Somos muchos

Somos muchos

11 de noviembre, 5:30 de la tarde 

Marcha por la diversidad intelectual

Contra la posmofobia y la discriminación en periódicos y revistas

“Saca tus ideas del clóset”

Pensadores de izquierda y de derecha, presocráticos, tomistas, posmodernos, católicos, protestantes, marxistas, social-demócratas, neoliberales, escritores homosexuales y heterosexuales, poetas malditos, ganadores de juegos florales, ensayistas amateurs, narradores consagrados, juglares de cantina, prosistas incomprendidos, líderes de opinión, articulistas desconocidos,  estudiantes de literatura, sicólogos no freudianos, historiadores indisciplinados, comentadores de tiempo completo, maestros normalistas, pensadores disidentes, filósofos sin título, misántropos exquisitos, aforistas repentinos, dramaturgos sin compañía, promotores culturales independientes, músicos de oído, conspiradores universitarios, guionistas primerizos, cinéfilos irredentos, actores con mala memoria, dibujantes de tiras cómicas, lectores insumisos, hacedores de haikús, intelectuales bilingües, maestros de redacción, menciones honoríficas, autores de culto, jurados de concursos, reinas de juegos florales, mantenedores de juegos florales, bibliotecarios por necesidad, diaristas de blogs, fundadores de revistas, artistas plásticos no asociados, pintores de bodegones, revolucionarios de café, lectores de bestséllers, correctores de estilo, reporteros culturales, compradores compulsivos de manuales de autoayuda, cronistas urbanos no asalariados, empleados de librerías,  paleógrafos de mala letra, terapeutas con problemas emocionales, adúlteros imaginativos, adictos a las series de televisión, autores apócrifos, investigadores sin metodología, performanceros, antropólogos y eruditos del manga, entre otros.  

CONVOCAN: La revista Diálogos Postmodernos, El Círculo de Lovecraft, El Club de Amigos del Haikú, La Asociación de Matemáticos “Socios del Algoritmo”, El Grupo Nietzsche, A. C., Poetas del Psicotrópico, Metafísica Recreativa S. C., Asociación de Escritores de Baños Públicos “Letrinas Libres”, El Frente Campesino por la Identidad, la Libertad y el Progreso “Welcome Lenin”, El Círculo Psicoanalítico “Forever Jung”, La Izquierda Antichavista “Lamento Bolivariano”, El Club de Análisis Literario Marxista “Para leer al Pato Lukács” y la revista de artes visuales Arte Ego.

O quizás simplemente te regale una prosa

O quizás simplemente te regale una prosa

Al Magazine Universitario, en su quinto aniversario 

En la fiesta de celebración estaban todos los que tenían que estar: es decir, las 20 personas que prestan cada mes sus rostros para todas las fotos del Magazine Universitario. Del otro lado, en el rincón, estábamos los colaboradores no fotogénicos: los tristes ejecutantes de una literatura subvencionada con cinco cervezas gratis al año.

Decir que la revista Magazine ha cumplido cinco años es conjeturar todo lo rico que sería de haber cobrado por mis artículos. Le he dado al Magazine mis mejores años, ni quién lo dude, desde aquel número 7 en que garabateé unas modestas propuestas fiscales. A partir de ahí (salvo algunos números), escribir una estupidez cada treinta días se volvió un ejercicio de extrema vitalidad: ¿qué decir ahora que pienso que ya he dicho todo? La carpeta de la computadora dice que he escrito un poco más de cien artículos (no todos para Magazine, pero sí una respetable mayoría). No es algo demasiado significativo, pero los seres humanos estamos acostumbrados a reverenciar los números redondos. Escribir las primeras líneas del texto 101 ha sido como vivir las horas iniciales de un nuevo siglo: la prueba de supervivencia ante la propia embriaguez. 

Todavía me sorprende que tenga cosas sobre las cuales tratar a estas alturas. Siempre que llego al punto final de un texto me imagino cerrando el último archivero. Pero sucede que la realidad alienta ciertas terquedades y entre ellas, la escritura, ya sea en forma de un peluquero que nos rapa por error o por culpa de un libro, al principio inadvertido, que nos entusiasma. En fin que encuentro motivos para que las palabras sobrevengan unas a otras en la virtual hoja blanca del ordenador (como hasta hace apenas unos minutos).

Magazine me dio por otro lado la oportunidad de invadir un territorio cercado por el alambre de púas de los anuncios comerciales. Paracaidista al fin de al cabo, llegué a mitad del baldío con apenas una pregunta existencial en la mochila: ¿qué demonios hago aquí? De la certeza de que a nadie interesarían mis líneas, partió la aventura de cada mes, un continuo divertimento que suponía postergar mi obligación de escribir artículos serios algún día. Educado en una carrera cuya mayor virtud es conversar sobre libros y autores, concebí la maniobra de traficar literatura en publicaciones comerciales, a riesgo de no llegar nunca a las revistas de análisis, culpado quizás de frivolidad. 

El descubrimiento fue doble. Por un lado, la literatura se me volvió vida y la vida, literatura. Convenientemente suministrado en dosis mensuales, el periodismo que vendía a quienes me leían estaba cargado de referencias cotidianas: la televisión, la política, las revistas, los microbuses, la música de la radio. No obstante, el ingrediente principal de todos mis artículos eran los libros, aunque no apareciera ningún título, aunque los autores alcanzaran apenas para el epígrafe. Libros aquí y libros allá, escribí también para contradecir la supuesta modorra de mi generación.  

Magazine tuvo que ver en ese aprendizaje. Entre fiestas sociales, reportajes pagados y boletines de prensa, tomé en serio a sus lectores. Imaginaba a quienes tomaban la revista en la sala de espera del dentista, a quienes se hartaban de las fotos repetidas (en Magazine parecería que hay rostros que tienen su propia sección), a quienes buscaban las mil palabras que decían mucho más que una imagen. Fue genial descubrir cómplices mientras cumplía la tarea. Colaboradores como Juan Daniel Perrotta o Rodrigo Solís se volvieron mis amigos, escritores con quienes compartí el vicio de la literatura, que como -se sabe- es un eficaz antídoto contra la prosperidad (esa otra forma de hacer amigos).

Así las cosas, el Magazine cumple otro año. Su supervivencia es un misterio de la economía campechana, casi tan inexplicable como que un comercio llamado Bicipollo no venda pollos ni bicicletas. Sin embargo, no hay que darse por vencidos: la realidad está ahí también para que la cuestionemos. Eso hago. Eso intento.  Y Magazine se me va de las manos. Es un milagro: un ayate (quizás, por su calidad de impresión).

Es madrugada y salgo del antro. La fiesta del quinto aniversario del Magazine aún retumba en mi cabeza. Mario, su director, me ha pedido un artículo exclusivo con la promesa de que ya no pondrá su fotografía en la página editorial. Prefiero decirle que en lugar de ese sacrificio mejor me pague. Insiste en que ya no aparecerá en poses de Marcel Marceau. Le pido a cambio un salario fijo. Me pide un texto inspirado en la celebración. Le suplico que no ponga a más políticos en las portadas, o por lo menos no en posturas de cantantes de ópera. Antes de que yo siga, me responde con algo que no alcanzo a distinguir.  Acepto la oferta: regreso a casa.  

Woody Allen, narrador

Woody Allen, narrador

 

Woody Allen no sólo es el autor de un buen número de películas brillantes, sino también un rostro definitivo a la hora de recordar el siglo XX. Amén de ser uno de los escritores más citados.

Sus películas están salpicadas de luces desprendibles, de frases que uno apura por no olvidar: “No te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien a quien yo quiero”,  Te quiero contar una historia tremenda acerca de la anticoncepción oral: le dije a esa chica que si quería hacer el amor conmigo y me dijo que no”, “El hombre consta de mente y cuerpo, pero el cuerpo es el único que se divierte”, entre otras. 

En el otro lado de su obra, están sus libros (Getting even, Without feathers y Side effects) y es ahí donde quisiera detenerme un poco: en su notable ejercicio del absurdo. En los cuentos de Allen, uno encuentra personajes mitad cisne, mitad mujer (pero en sentido longitudinal), seres mitológicos con cabeza de león y cuerpo de león (pero de otro león distinto), a tipos que desaparecen mientras se toman un baño y aparecen de improvisto en la sección de cuerdas de la Orquesta Sinfónica de Viena, a intelectuales capaces de interpretar las obras de Joyce y al mismo tiempo no entender la actuación de un mimo, a príncipes que, para morir al lado de su amada, se tragan una barra con pesas, etc.

Woody Allen juega con la cultura al punto de utilizar a escritores, pintores e intelectuales en sus historias. No sólo es la aparición del mismísimo Marshall McLuhan a mitad de una discusión sobre sus propios conceptos en Annie Hall; es pensar en Freud y Jung en una carrera de sacos en el picnic anual de sicoanalistas (“Conversaciones con Helmholtz”). En el cuento “Sí, ¿pero puede hacer esto la máquina de vapor?”, Hume, Goethe y Horderlin se entusiasman por el invento del sándwich. En “El genio irlandés”, la obra Asesinato en Catedral de Eliot se llama en un principio Las piernas de un millón de dólares. 

Tres de sus relatos me parecen magistrales: “El gran jefe”, “La puta de Mensa” y ”El experimento del profesor Kugelmass”. En el primero de ellos, un investigador privado (Lupowitz) recibe el encargo de encontrar a Dios. Pero las sucesivas entrevistas (con un rabino, con un ateo, con el mismísimo papa) intentan mostrar la imagen de Dios como un alto jefe de la mafia. Todos dan su versión sobre su existencia o inexistencia, según sus propios intereses. El extraordinario manejo de conceptos y pensadores hace de este texto un gozoso recorrido para quien ya olvidó sus clases de filosofía de la preparatoria.

En “La puta de Mensa”, Lupowitz (de nueva cuenta) recibe el encargo de  desenmascarar a una organización de chicas que se alquilan por discutir sobre Melville, Pound o Noam Chomsky, entre otros. Mujeres que conversan de “manera intelectual” con sus clientes (cuyas esposas no son muy profundas en sus discusiones), mientras fingen placer: “Oh, sí, Káiser. Sí, chico, es muy profundo. Una comprensión platónica del cristianismo”. A la cabeza de tan maquiavélica organización está Flossie, un misterioso personaje que ni siquiera tiene título universitario y al cual Lupowitz detiene en una escena memorable.

“El experimento del profesor Kugelmass” (ganador del prestigiado premio de relato corto O. Henry) presenta a un tipo cansado de su mujer, pero que al mismo tiempo no se atreve a mantener una relación extramatrimonial. La solución la encuentra en una caja de mago que puede transportarlo al universo del libro que introduzca en ella. De esa manera, Kugelmass se enrola con Madame Bovary (a través de la novela de Flaubert) para su beneplácito sexual y para confusión de los estudiosos de la literatura que no comprenden cómo un profesor judío ha entrado en una obra que ellos conocen de principio a fin. El asunto se complica cuando la señora Bovary sale del texto y entra a la realidad, explotando un poco el tema que Woody Allen desarrollaría después en su película La rosa púrpura del Cairo.

 

Y2K llega con 6 años de retraso a Campeche

Y2K llega con 6 años de retraso a Campeche

CAMPECHE, CAMPECHE, 9 DE OCTUBRE DE 2006.- La Península de Yucatán se mantuvo incomunicada tanto vía telefónica, como por Internet desde las 17:00 hasta poco antes de las 10 de la noche, debido a daños causados a sus cables de fibra óptica provocados por una empresa constructora en Playa del Carmen, Quintana Roo, y un deslave en Ciudad del Carmen, Campeche. La empresa, que no dio información en sus oficinas de Campeche, se mantuvo con problemas de comunicación tanto a los usuarios de Internet, a los de telefonía celular y a un número no precisado hasta ahora de sus clientes de telefonía fija domiciliaria y comercial. Se considera que este desperfecto causó millonarias pérdidas en tiendas comerciales, de autoservicio y afectó operaciones bancarias de cajeros automáticos. De acuerdo con algunos reportes de la empresa en su servicio a clientes de plan celular, los problemas no se generalizaron a todos sus usuarios de la Región 8 porque, aseguraron, hubo algunos números celulares y domiciliarios que continuaron operando, no así el servicio “Dial up” o “Infinitum” de Internet que sí se suspendió por completo. Más tarde, el gerente de Comunicación y Relaciones Gubernamentales de Telmex en Mérida, Erwin Ocaña Rivera, informó que tres fallas simultáneas en las líneas de conexión de fibra óptica de esa empresa mantuvo incomunicados a unos tres millones de habitantes de los estados de Yucatán, Quintana Roo y Campeche. En entrevista, resaltó que se trata de una situación excepcional, inédita, que no se había registrado ni siquiera en los peores desastres naturales suscitados en la zona. Explicó que inicialmente las lluvias en la zona de Tabasco y Campeche ocasionaron la ruptura de líneas de fibra óptica, lo cual no afectó el sistema de Telmex. Empero, un accidente no precisado en el tramo entre Tulum y Playa del Carmen, Quintana Roo, rompió una línea adicional, lo que evitó cualquier posibilidad de comunicación al impedir que el sistema de desvío y redundancia de llamadas pudiera permanecer activo.Ocaña Rivera dijo que la falla ha comenzado a revertirse de forma gradual y se espera que sea totalmente subsanada en las próximas horas. Esta tarde se suspendió prácticamente cualquier posibilidad de comunicación dentro de la región, incluso al resto del país y a otras naciones, problema que en Campeche quedó resuelto a poco antes de las 10 de la noche.

En Ciudad del Carmen, Campeche, los servicios de comunicación se vieron afectados por un deslave, lo que provocó que el servicio de telefonía registrara interrupciones parciales en la zona.

(Tomado del periódico Expreso) 

Blogs: cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también

Blogs: cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también

¿Por qué hay escritores que cuestionan el blog como forma de literatura? ¿Qué les irrita, qué les han hecho esas miles de bitácoras sobre las impresiones de la vida? ¿Es la sobreoferta lo que les aturde, la proliferación de ese ensayo de ocasión, marcado por la fecha de factura como si se tratara de un plazo de caducidad? Si en los periódicos, las declaraciones abundan en tanto los políticos no sirven sino para rellenar los entrecomillados, el blog apunta (como en los periódicos vespertinos y de corte popular) a que nadie se reserve el derecho de opinión.

Nada como esta democratización de la escritura ha despertado descalificaciones tan virulentas de parte de quienes se dedican precisamente a escribir. Una moda, dicen unos; un ejercicio insulso, los califican otros. Pero el entusiasmo generalizado da que pensar. Los jóvenes escritores están encantados con el medio. No tienen que lidiar con la puntuación arbitraria de los correctores de estilo ni sufren las consecuencias de contravenir las políticas restrictivas de las revistas. El blog nos deja caer en la tentación de lo publicable sin remordimientos de conciencia. Notas, confesiones, fragmentos de tesis, plagios, recortes, citas, ocurrencias, aforismos, propaganda de nuestros libros, hallazgos en la red. Por si esto fuera poco, el blog recobra el carácter poco organizado del pensamiento, al tiempo que conforma una peculiar compilación donde los textos se leen cronológicamente a la inversa. Algo no tan sorprendente en la era de Internet, donde las obras completas comienzan por el último tomo: el diario íntimo.

Tengo la impresión de que el blog recupera la esencia misma del ensayo: hablar de autores y sucesos. Comentar el mundo, a fin de cuentas: compartirlo, lleva con frecuencia a  placeres tan malsanos que no les interesan a nuestros conocidos del Messenger. “Es un taller abierto de escritura”, ha dicho Leticia Carrera; “un aprendizaje de literatura sin vida literaria”, diría yo. Lejano a las presentaciones de libros, a la necesidad de relaciones públicas, a los recitales de poesía, a los encuentros de becarios, a la caza de editores, al contrabando de manuscritos en busca de lectores especializados, el blog nos obliga a enfrentarnos a la página vacía del ordenador, todos los días. ¿Qué otro medio nos exige dar opiniones sin ser líderes de opinión, en qué otro lugar uno puede suponer que no es leído y no constatarlo con la imagen siempre deprimente de una máquina guillotinando nuestros libros?   

El blog ha venido a revolucionar la idea que teníamos de un aspirante a escritor. Más allá de la apariencia de un Bukowski sin acné o del joven cosmopolita con lentes de pasta, quien quiere escribir tiene que enfrentarse en algún momento a las palabras. Por fortuna, lo que antes era pelear contra el lenguaje html, ahora es luchar contra el lenguaje a secas. La simplificación de las herramientas para subir datos a la red ha descubierto a toda una legión de gente que tiene cosas que decir. ¿Demasiados?, quizás, pero de todos modos ya eran demasiados los libros y sus autores, las canciones y sus intérpretes. Vivimos la abundancia de las cosas y la Internet quizás sólo ha evidenciado que eso siempre es mejor que la escasez.

Por último, gracias a todas sus peculiaridades,  el blog hace patente por lo menos tres puntos esenciales del acto de escribir:

1. Es tiempo robado a la vida laboral. Como bien han demostrado las afligidas vidas de nuestros autores favoritos, no existe tiempo para leer o para escribir sino horas malversadas de las obligaciones de la vida. El blog ha potenciado la oportunidad de usar la computadora del trabajo para subir nuestros contenidos a la red, del mismo modo revanchista con que cargamos nuestros celulares en sus tomas de corriente. Nuestros empleos son tan absorbentes, tan mal pagados y los superiores hacen comentarios tan ignorantes, que ningún remordimiento provoca desviar unos cuantos miles de segundos a la semana. Y lo mejor: nadie sospecharía de ese documento de Word que tenemos siempre abierto.

2. Ejercita el individualismo. Autores respetables han desestimado la escritura del blog por ser descuidada, preferentemente ególatra y violentar las normas de calidad impuestas por las casas editoriales y el Estado. Pero ese era el chiste: fusionar el egocentrismo y el teocentrismo. Ser geniales sin depender del reconocimiento de quienes tienen el dinero, el doctorado y en la mayoría de los casos, el poder. Escribir sin desvelarnos por la reseña que no aparece y en el mejor de los casos, sólo aspirar a que otro autor nos ponga en su lista de links (confiar en ese sistema velado de recomendaciones que nadie tiene la obligación de seguir). ¿Cuántos nos leen?, ¿hay quien siga con interés periódica nuestras bitácoras? Despreocupémonos de los lectores; la mayoría no escribe comentarios en los espacios correspondientes. Los lectores no dejan huellas, obedecen a un acto de fe. Es imprescindible aprender esto antes de meterse al negocio de la literatura.

3. Nos hace seguir a los grandes maestros sin saberlo. El blog y Picasso: “La inspiración existe; pero tiene que encontrarte trabajando”. El blog y Witold Gombrowicz: “¿Quién decidió que se debe escribir sólo cuando se tiene algo que decir? El arte consiste precisamente en no escribir lo que se tiene que decir sino algo completamente imprevisto”. Primer mandamiento del decálogo de Monterroso: “Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre”. 

  

Políticos, un peligro para el léxico

Políticos, un peligro para el léxico

Los insultos -pese a su utilidad en los tiempos de cólera- tienen su lado perjudicial: limitan el vocabulario. No hay que ser muy observadores para darse cuenta que la palabra “chingar” puede tramposamente sustituir a cualquier otra palabra, ni muy puritanos para afirmar que de esa manera las conversaciones tienden a empobrecerse. Eso mismo sucede con otras formas de diálogo: a falta de léxico, todas las pláticas empiezan a ser una misma.

El reciclaje de palabras no es precisamente una muestra de salud discursiva entre los aspirantes a un puesto de elección popular. Se recurre a ciertas expresiones -cuya efectividad ya ha sido probada por anteriores políticos- en vista de que lo importante es aparecer en trípticos, pancartas y canciones, aunque no se tenga mucho que decir. En tiempos de campaña, los mítines se vuelven cada vez más un deja vu que amenaza con atraparnos. ¿Cómo sobrevivir al hartazgo, a la sofocante presencia de las ofertas políticas? A mi parecer, habría que prohibir una serie de vocablos para empezar a entendernos los candidatos y sus votantes. Obligarlos de esa manera a precisar sus ofrecimientos. He aquí un posible inventario de términos a excluir:

CAMBIO: ¿Qué diablos quieren transformar los políticos cuando hablan de “cambio”? No puede tratarse de “todo”, porque a menos que alguien proponga una monarquía, hay cosas del sistema político que no es siquiera deseable cambiar. La palabra “cambio” aglutina de forma demagógica los malestares de la ciudadanía, pero no los especifica; se atiene a que el votante ya sabe cuáles son; por lo tanto, como los enamorados se vale de los sobreentendidos y posiblemente anticipen el desencanto.

 

SERVIR: La “vocación de servicio” es una virtud tan difundida en la clase política que nos hace pensar que el altruismo no es tan difícil siempre y cuando se disponga del erario. 

 

PUEBLO, GENTE: Fuera del discurso, no es posible ni escuchar al Pueblo ni representar sus intereses; no existe tal “conciencia colectiva” sino una serie de grupos sociales en constante choque y colaboración (incluso una misma persona puede pertenecer a diversos grupos). No se equivoca quien dice que “La voz del Pueblo es la voz de Dios”, en tanto ambas han provocado demasiados malos entendidos. En ese tenor, nadie puede “saber lo que quiere el Pueblo” (como tampoco lo que quiere Dios), dado que la diversidad de sus miembros apenas permite atender a las mayorías. Los políticos dicen “Pueblo” para referirse a la porción de la sociedad que va a sus mítines.

 

UNIDAD, UNIDOS, JUNTOS: La palabra “unidad” ha servido para disfrazar las negociaciones de poder dentro de las organizaciones políticas. El “candidato de unidad” ha significado -a través de los años- la posibilidad de evitar conflictos internos, en pos de la imagen armoniosa de un partido. En las campañas actuales, la “unidad” ha sido convertida en un requisito para el desarrollo: “Juntos logramos más”, dice un eslogan. Los políticos han aprovechado la confusión entre “estar unidos” (una imagen monolítica de la sociedad en torno a un partido) y “ponernos de acuerdo en algo” (conservando la pluralidad, cediendo y exigiendo). En contraposición, la democracia tiene sentido, como ha escrito Jesús Silva-Herzog Márquez, “porque garantiza el derecho a la disidencia”.

 

FORTALECER, IMPULSAR, EFICIENTAR: Estas palabras son la materia prima de las promesas porque no es necesario explicar la manera en que un candidato pretende hacer todo eso. Pueden aplicarse a todas las actividades políticamente redituables como la pesca, la micro, pequeña y mediana empresa, el deporte, la cultura, la recaudación municipal (esos territorios donde siempre sobrarán ofrecimientos y faltarán estrategias). La demagogia llega a un punto enfermizo cuando en el discurso se habla por separado de “eficacia” y “eficiencia”, distinción que por cierto, salvo en el ITESM, nadie advierte. 

 

TRADICIONES (RECUPERAR, PRESERVAR): ¿Cuáles son los límites temporales de la identidad?, ¿quién puede decir cuándo comenzó y en qué año se detuvo?, ¿son las tradiciones especies en peligro de globalización o son formas vivas que se van adaptando a su medio? No se hacen muchas preguntas respecto a lo que se pretende salvaguardar como si todo fuera más que evidente. Sin embargo, los territorios de la tradición son engañosos en tanto pueden equivocarse con la nostalgia (esa fotografía inmóvil de la memoria). Asimismo, una vez manipulada, la identidad es una buena arma de proselitismo: siempre habrá la oportunidad de recalcar que el contrincante no es un legítimo campechano.

 

VIVIR MEJOR, TE VA A IR MUY BIEN: Salvo cuando decimos “pasó a mejor vida”, el estatus de “mejoría” es de una ambigüedad sospechosa. No obstante el eslogan cumple la primera regla de toda propaganda política: Vaguedad es contenido. 

 

Hemeroteca personal

Hemeroteca personal

Correctores de estilo se rebelan  

Una singular protesta se dio en las redacciones de los periódicos de la ciudad de Campeche en el estado del mismo nombre. En punto de las 19:00 horas de este sábado, los correctores de estilo de todos los rotativos del lugar se declararon en huelga en busca de mejores condiciones de trabajo. Encabezados por Eleazar “el semántico” López, los supervisores de la gramática diaria han pedido, entre otras cosas, transporte gratuito para regresar a sus casas.  A la voz de “Sin taxis no hay sintaxis”, los inconformes han amenazado con dejar tal cual las notas que llegan a las redacciones. Cabe señalar que esto provocaría un exceso de expresiones como “cabe señalar”, “asimismo” y “lo que sí es un hecho” en las secciones locales, eso sin contar los errores ortográficos.

López ha significado el riesgo que supone salir tan tarde de sus empleos: “Hay mucha inseguridad en las calles. Además, los capos de la droga se indignan hasta por la más pequeña equivocación: por ejemplo, si confundes al Zar de las Anfetaminas con el de las  Metanfetaminas, puede ser el fin de tu carrera. A Sergio ‘el subjuntivo’ Esparza le cortaron las dos manos por una errata de ese tipo. Ahora escribe literalmente con las patas”. Los dueños de los rotativos campechanos no han hecho declaración alguna al respecto, pero se sospecha que todo lo resolverá  la Junta de Conciliación y Arbitraje, una vez que encuentre a una persona que le redacte sus comunicados.  

Resuelven posible guerra de los mundos en quince minutos

Una reciente Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Alienígenas ($#%@ por sus siglas en idioma extraterrestre) concluyó negociaciones con un supuesto grupo de guerrilleros interplanetarios asentados en el sureste mexicano. Francisco Gracia, el comisionado local de paz (a nivel cósmico, Mercurio, Venus y Tierra forman una misma municipalidad), aseveró que el Ejército Sideral para la Promoción de la Nebulosa (ESPN por sus iniciales en castellano) ha aceptado no emprender acción violenta contra nuestro mundo.

Al parecer, los invasores habían viajado hasta la Tierra con la instrucción explícita de difundir sus costumbres y colonizar a los habitantes en caso necesario, sin embargo a su llegada encontraron un agrio recibimiento de parte del gobierno mexicano, quien hace pocos meses había aplaudido la conformación de un nuevo Consejo Nacional Contra las Abducciones.

Cuestionado acerca de por qué este grupo espacial eligió el sureste del país como centro de operaciones, Gracia respondió: “Uno de sus líderes me dijo que todo se explica al unir sobre un mapa tres zonas arqueológicas: Uxmal, Chichén Itzá  y Calakmul. Se obtiene un cuadrado, nadie sabe por qué. Es el único lugar en el planeta donde sucede eso”.

Según el comisionado de paz, los miembros del ESPN han acordado, como solución final al conflicto, instalar un stand informativo en el Parador Astronómico recientemente inaugurado en la ciudad de Campeche.

  

Advierten sobre mal uso de aparatos

Tras considerar que cuatro de cada cinco personas golpea a su televisor cuando se va la señal, Ariadne Limón, presidenta de “Vida y Tecnología A. C.”, anunció una serie de talleres  para concienciar a la ciudadanía acerca del mal empleo que hace de los aparatos en el hogar.

“Destruir el armonioso sistema de un televisor con cambios bruscos de canal, traslados innecesarios o mediante insultos -decirle ‘caja idiota’, por ejemplo- son maneras de violencia”, aseguró.

El curso “Violencia electrodoméstica, una asignatura pendiente” pretende fijar la atención sobre este tipo de abusos que con frecuencia suceden en la privacidad y a los que es necesario atacar de manera frontal.

“La gente tiene que entender que golpear a los aparatos es violar sus garantías”, aseguró la también técnica en reparación.

El curso está dividido en tres módulos; en cada uno de ellos se fomentará el buen trato hacia diversos artefactos como reproductores de DVD, licuadoras, equipos de sonido, etcétera. 

“No podemos seguir viéndolos como meros objetos”, concluyó la también dueña de Limón y Rodríguez Refacciones.

    

Prevén conflictos a futuro por combustible

“La tecnología avanza a pasos tan agigantados que pronto nos olvidaremos del petróleo”, afirmó Epaminondas Onassis, principal accionista del consorcio automotriz Calimaco. En su visita a Campeche, el multimillonario griego  aseveró que la verdadera revolución industrial supondrá tomar en cuenta uno de los grandes descubrimientos de los mexicanos: el uso de la gasolina con agua.

“Cuando se pueda explotar el agua contaminada de mar como combustible, el mundo cambiará”, dijo el empresario que asistió a verificar las costas campechanas como un seguro yacimiento para el mañana.

De inmediato, una nueva Red Ciudadana por un Trato Justo con Campeche exigió a la Federación el equivalente futuro a 600 millones pesos (de acuerdo a la paridad venidera frente al dólar), por los daños que esa explotación ocasionará en nuestros litorales.

“No dudo que la futura Mamex (Mares Mexicanos) nos siga dando una cachetada tan negra como nuestras aguas”, declaró Julio Roca, investigador de fenómenos paraestatales y cabeza del movimiento. 

   

AA cumple cuarenta años

Hace cuatro décadas, Robert H. Smith y W. Salinger idearon, ante los ensayos de canto gregoriano de sus vecinas jubiladas, fundar el primer grupo AA (Artistas Anónimos) en el mundo; esto en Massachussets, EU. La asociación pretendió en sus inicios combatir la manifestación descontrolada de arte en las personas de edad avanzada, sin embargo, ante el elevado índice de jóvenes que se desnudaban en performances callejeros, terminó por admitir a gente de todas las edades. 

Los grupos AA se extendieron por todo el mundo. En México llegaron por iniciativa de Salvador Noceda, quien durante doce años fue adicto a recitar décimas y sonetos. “Las ganas de cantar trova, pintar bodegones o aprender danzón se han convertido en un problema social”, dijo el ahora sexagenario. “Leo a los jóvenes que han participado en los últimos Juegos Florales de la ciudad y digo: ¡Dios, yo era así, yo usaba la palabra ‘penetrar’ en mis poemas!”.

Salvador Noceda explica en dónde reside el éxito de los grupos AA: “La clave está en que se permite leer en voz alta, tocar guitarra o bailar capoeira sólo si estás dispuesto a ser espectador de los demás”. El ahora bibliotecario añade: “El 78 por ciento de los asistentes se cura a los ocho meses”.