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Tediósfera

Campeche: instrucciones de uso

Somos muchos

Somos muchos

11 de noviembre, 5:30 de la tarde 

Marcha por la diversidad intelectual

Contra la posmofobia y la discriminación en periódicos y revistas

“Saca tus ideas del clóset”

Pensadores de izquierda y de derecha, presocráticos, tomistas, posmodernos, católicos, protestantes, marxistas, social-demócratas, neoliberales, escritores homosexuales y heterosexuales, poetas malditos, ganadores de juegos florales, ensayistas amateurs, narradores consagrados, juglares de cantina, prosistas incomprendidos, líderes de opinión, articulistas desconocidos,  estudiantes de literatura, sicólogos no freudianos, historiadores indisciplinados, comentadores de tiempo completo, maestros normalistas, pensadores disidentes, filósofos sin título, misántropos exquisitos, aforistas repentinos, dramaturgos sin compañía, promotores culturales independientes, músicos de oído, conspiradores universitarios, guionistas primerizos, cinéfilos irredentos, actores con mala memoria, dibujantes de tiras cómicas, lectores insumisos, hacedores de haikús, intelectuales bilingües, maestros de redacción, menciones honoríficas, autores de culto, jurados de concursos, reinas de juegos florales, mantenedores de juegos florales, bibliotecarios por necesidad, diaristas de blogs, fundadores de revistas, artistas plásticos no asociados, pintores de bodegones, revolucionarios de café, lectores de bestséllers, correctores de estilo, reporteros culturales, compradores compulsivos de manuales de autoayuda, cronistas urbanos no asalariados, empleados de librerías,  paleógrafos de mala letra, terapeutas con problemas emocionales, adúlteros imaginativos, adictos a las series de televisión, autores apócrifos, investigadores sin metodología, performanceros, antropólogos y eruditos del manga, entre otros.  

CONVOCAN: La revista Diálogos Postmodernos, El Círculo de Lovecraft, El Club de Amigos del Haikú, La Asociación de Matemáticos “Socios del Algoritmo”, El Grupo Nietzsche, A. C., Poetas del Psicotrópico, Metafísica Recreativa S. C., Asociación de Escritores de Baños Públicos “Letrinas Libres”, El Frente Campesino por la Identidad, la Libertad y el Progreso “Welcome Lenin”, El Círculo Psicoanalítico “Forever Jung”, La Izquierda Antichavista “Lamento Bolivariano”, El Club de Análisis Literario Marxista “Para leer al Pato Lukács” y la revista de artes visuales Arte Ego.

Y2K llega con 6 años de retraso a Campeche

Y2K llega con 6 años de retraso a Campeche

CAMPECHE, CAMPECHE, 9 DE OCTUBRE DE 2006.- La Península de Yucatán se mantuvo incomunicada tanto vía telefónica, como por Internet desde las 17:00 hasta poco antes de las 10 de la noche, debido a daños causados a sus cables de fibra óptica provocados por una empresa constructora en Playa del Carmen, Quintana Roo, y un deslave en Ciudad del Carmen, Campeche. La empresa, que no dio información en sus oficinas de Campeche, se mantuvo con problemas de comunicación tanto a los usuarios de Internet, a los de telefonía celular y a un número no precisado hasta ahora de sus clientes de telefonía fija domiciliaria y comercial. Se considera que este desperfecto causó millonarias pérdidas en tiendas comerciales, de autoservicio y afectó operaciones bancarias de cajeros automáticos. De acuerdo con algunos reportes de la empresa en su servicio a clientes de plan celular, los problemas no se generalizaron a todos sus usuarios de la Región 8 porque, aseguraron, hubo algunos números celulares y domiciliarios que continuaron operando, no así el servicio “Dial up” o “Infinitum” de Internet que sí se suspendió por completo. Más tarde, el gerente de Comunicación y Relaciones Gubernamentales de Telmex en Mérida, Erwin Ocaña Rivera, informó que tres fallas simultáneas en las líneas de conexión de fibra óptica de esa empresa mantuvo incomunicados a unos tres millones de habitantes de los estados de Yucatán, Quintana Roo y Campeche. En entrevista, resaltó que se trata de una situación excepcional, inédita, que no se había registrado ni siquiera en los peores desastres naturales suscitados en la zona. Explicó que inicialmente las lluvias en la zona de Tabasco y Campeche ocasionaron la ruptura de líneas de fibra óptica, lo cual no afectó el sistema de Telmex. Empero, un accidente no precisado en el tramo entre Tulum y Playa del Carmen, Quintana Roo, rompió una línea adicional, lo que evitó cualquier posibilidad de comunicación al impedir que el sistema de desvío y redundancia de llamadas pudiera permanecer activo.Ocaña Rivera dijo que la falla ha comenzado a revertirse de forma gradual y se espera que sea totalmente subsanada en las próximas horas. Esta tarde se suspendió prácticamente cualquier posibilidad de comunicación dentro de la región, incluso al resto del país y a otras naciones, problema que en Campeche quedó resuelto a poco antes de las 10 de la noche.

En Ciudad del Carmen, Campeche, los servicios de comunicación se vieron afectados por un deslave, lo que provocó que el servicio de telefonía registrara interrupciones parciales en la zona.

(Tomado del periódico Expreso) 

Hemeroteca personal

Hemeroteca personal

Correctores de estilo se rebelan  

Una singular protesta se dio en las redacciones de los periódicos de la ciudad de Campeche en el estado del mismo nombre. En punto de las 19:00 horas de este sábado, los correctores de estilo de todos los rotativos del lugar se declararon en huelga en busca de mejores condiciones de trabajo. Encabezados por Eleazar “el semántico” López, los supervisores de la gramática diaria han pedido, entre otras cosas, transporte gratuito para regresar a sus casas.  A la voz de “Sin taxis no hay sintaxis”, los inconformes han amenazado con dejar tal cual las notas que llegan a las redacciones. Cabe señalar que esto provocaría un exceso de expresiones como “cabe señalar”, “asimismo” y “lo que sí es un hecho” en las secciones locales, eso sin contar los errores ortográficos.

López ha significado el riesgo que supone salir tan tarde de sus empleos: “Hay mucha inseguridad en las calles. Además, los capos de la droga se indignan hasta por la más pequeña equivocación: por ejemplo, si confundes al Zar de las Anfetaminas con el de las  Metanfetaminas, puede ser el fin de tu carrera. A Sergio ‘el subjuntivo’ Esparza le cortaron las dos manos por una errata de ese tipo. Ahora escribe literalmente con las patas”. Los dueños de los rotativos campechanos no han hecho declaración alguna al respecto, pero se sospecha que todo lo resolverá  la Junta de Conciliación y Arbitraje, una vez que encuentre a una persona que le redacte sus comunicados.  

Resuelven posible guerra de los mundos en quince minutos

Una reciente Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Alienígenas ($#%@ por sus siglas en idioma extraterrestre) concluyó negociaciones con un supuesto grupo de guerrilleros interplanetarios asentados en el sureste mexicano. Francisco Gracia, el comisionado local de paz (a nivel cósmico, Mercurio, Venus y Tierra forman una misma municipalidad), aseveró que el Ejército Sideral para la Promoción de la Nebulosa (ESPN por sus iniciales en castellano) ha aceptado no emprender acción violenta contra nuestro mundo.

Al parecer, los invasores habían viajado hasta la Tierra con la instrucción explícita de difundir sus costumbres y colonizar a los habitantes en caso necesario, sin embargo a su llegada encontraron un agrio recibimiento de parte del gobierno mexicano, quien hace pocos meses había aplaudido la conformación de un nuevo Consejo Nacional Contra las Abducciones.

Cuestionado acerca de por qué este grupo espacial eligió el sureste del país como centro de operaciones, Gracia respondió: “Uno de sus líderes me dijo que todo se explica al unir sobre un mapa tres zonas arqueológicas: Uxmal, Chichén Itzá  y Calakmul. Se obtiene un cuadrado, nadie sabe por qué. Es el único lugar en el planeta donde sucede eso”.

Según el comisionado de paz, los miembros del ESPN han acordado, como solución final al conflicto, instalar un stand informativo en el Parador Astronómico recientemente inaugurado en la ciudad de Campeche.

  

Advierten sobre mal uso de aparatos

Tras considerar que cuatro de cada cinco personas golpea a su televisor cuando se va la señal, Ariadne Limón, presidenta de “Vida y Tecnología A. C.”, anunció una serie de talleres  para concienciar a la ciudadanía acerca del mal empleo que hace de los aparatos en el hogar.

“Destruir el armonioso sistema de un televisor con cambios bruscos de canal, traslados innecesarios o mediante insultos -decirle ‘caja idiota’, por ejemplo- son maneras de violencia”, aseguró.

El curso “Violencia electrodoméstica, una asignatura pendiente” pretende fijar la atención sobre este tipo de abusos que con frecuencia suceden en la privacidad y a los que es necesario atacar de manera frontal.

“La gente tiene que entender que golpear a los aparatos es violar sus garantías”, aseguró la también técnica en reparación.

El curso está dividido en tres módulos; en cada uno de ellos se fomentará el buen trato hacia diversos artefactos como reproductores de DVD, licuadoras, equipos de sonido, etcétera. 

“No podemos seguir viéndolos como meros objetos”, concluyó la también dueña de Limón y Rodríguez Refacciones.

    

Prevén conflictos a futuro por combustible

“La tecnología avanza a pasos tan agigantados que pronto nos olvidaremos del petróleo”, afirmó Epaminondas Onassis, principal accionista del consorcio automotriz Calimaco. En su visita a Campeche, el multimillonario griego  aseveró que la verdadera revolución industrial supondrá tomar en cuenta uno de los grandes descubrimientos de los mexicanos: el uso de la gasolina con agua.

“Cuando se pueda explotar el agua contaminada de mar como combustible, el mundo cambiará”, dijo el empresario que asistió a verificar las costas campechanas como un seguro yacimiento para el mañana.

De inmediato, una nueva Red Ciudadana por un Trato Justo con Campeche exigió a la Federación el equivalente futuro a 600 millones pesos (de acuerdo a la paridad venidera frente al dólar), por los daños que esa explotación ocasionará en nuestros litorales.

“No dudo que la futura Mamex (Mares Mexicanos) nos siga dando una cachetada tan negra como nuestras aguas”, declaró Julio Roca, investigador de fenómenos paraestatales y cabeza del movimiento. 

   

AA cumple cuarenta años

Hace cuatro décadas, Robert H. Smith y W. Salinger idearon, ante los ensayos de canto gregoriano de sus vecinas jubiladas, fundar el primer grupo AA (Artistas Anónimos) en el mundo; esto en Massachussets, EU. La asociación pretendió en sus inicios combatir la manifestación descontrolada de arte en las personas de edad avanzada, sin embargo, ante el elevado índice de jóvenes que se desnudaban en performances callejeros, terminó por admitir a gente de todas las edades. 

Los grupos AA se extendieron por todo el mundo. En México llegaron por iniciativa de Salvador Noceda, quien durante doce años fue adicto a recitar décimas y sonetos. “Las ganas de cantar trova, pintar bodegones o aprender danzón se han convertido en un problema social”, dijo el ahora sexagenario. “Leo a los jóvenes que han participado en los últimos Juegos Florales de la ciudad y digo: ¡Dios, yo era así, yo usaba la palabra ‘penetrar’ en mis poemas!”.

Salvador Noceda explica en dónde reside el éxito de los grupos AA: “La clave está en que se permite leer en voz alta, tocar guitarra o bailar capoeira sólo si estás dispuesto a ser espectador de los demás”. El ahora bibliotecario añade: “El 78 por ciento de los asistentes se cura a los ocho meses”.

  

Los dueños de nuestras quincenas

Los dueños de nuestras quincenas

“Me firma aquí, pero igual que en su credencial de elector”, me ordenó Norma, la encargada de la caja tres. 

Dos cosas definen la madurez: hacer un buen nudo de corbata y utilizar una firma que no sea tu simple nombre manuscrito. Me puse nervioso. Desde niño he querido ser parte del selecto grupo de quienes escriben con letra virreinal. Quizás por eso diseñé una rúbrica sumamente complicada que ni siquiera puedo repetir.

“Disculpe”, dije, “pero saqué mi credencial a los dieciocho años, cuando tenía una mano indudablemente más temblorosa que la de ahora. No puedo reproducir mi firma con tanta fidelidad.” 

“Es un prerrequisito”, me advirtió ella, mientras contaba una y otra vez los billetes. Quedé absorto. La palabra “prerrequisito” terminó por causarme una conmoción sólo comparable al día en que me enteré que los grupos culturales “Aurora” y “Brecha” habían actuado juntos. Tomé la pluma antes que la forma SAT 5 se manchara de sudor. La ropa sastre siempre me ha dado cierta impresión de autoridad. Después de sortear las dificultades para imitar mi propia letra, devolví la hoja, con el mismo temblor con el que se entrega un examen mal resuelto.

“Aquí faltan más rayitas”

Los dedos de Norma señalaban la línea que significaba “Eduardo”. Tomé la pluma de nuevo.

“Esto se parece al pastito que dibuja mi sobrino en el kínder.”

Intenté que mis trazos fueran definitivos: puse algo que podía interpretarse como una vaca o según lo que me dijo el grafólogo, como “la muestra inalterable de mi inseguridad”.  Ella examinó la línea punteada y añadió:

“Vamos a hacer una cosa: practique en esta hoja aparte y luego firme de nuevo. Si quiere hacer dos planas yo no tengo ninguna objeción.” 

“Me parece que no está siendo muy amable con este asunto de la hoja aparte.”“Si no le gusta cómo le trato, el cajero automático está a la entrada del edificio.”

“O. K. Acepto mi error. Entienda, he permanecido cuarenta minutos parado en la fila, entre un menonita que no dejaba de preguntarme cómo llenar una ficha y un tipo apodado Maney, y personalmente nunca he podido concebir cómo puede alguien presentarse en público como Maney, ¿ya? No soy, en definitiva, un antisocial pero toda esta situación ha terminado por irritarme.”

Un momento de silencio. La mirada que Norma había lanzado sobre mis ojos se me hizo cercana a la piedad. Sin embargo, lo que en verdad significaba era que había descubierto algo raro en la pantalla de su computadora.

“¿Su nombre es Juan Hernández?” Lamentablemente, la pregunta llegó antes del sello que me hiciera salir de ahí.

“No. No soy Juan Hernández. ¿Por qué?”

“Parece ser que su cuenta está a nombre de otra persona.”

Era el colmo, y estaba consciente de ello. Pero cuando se trata de retener dinero, el banco logra que lo imposible suceda.

“Lo siento”, contesté, “Juan Hernández es mi alter ego, o mejor dicho la credencial de Sam’s Club que uso indebidamente cada que necesito comprar ochenta rollos de papel higiénico. Pero no creo que eso interfiera en el retiro que pretendo hacer.”

“Definitivamente que sí interfiere.”

“Vamos, tengo la tarjeta, conozco el número confidencial, ¿no va a pensar que soy uno de esos tipos que pone pantallas falsas en los cajeros?”

“No, pero por si acaso, necesito que me firme aquí, sólo que igualito a su credencial.”

Me rasqué la cabeza para asimilar el “prerrequisito” en los mejores términos.

“Mire, no puedo entender que si deposité siete mil pesos me los acepten, y que inmediatamente después, cuando quiero sacar cuatro mil, me pongan tantos obstáculos.”

“Estamos para proteger su dinero, señor. Debería agradecer nuestras políticas de seguridad.”

Deseé fervientemente que el banco se viniera abajo, con todo y sus políticas de seguridad.

“O. K. Me imagino que están conscientes de que el mayor peligro para mi dinero es que yo disponga de él. Lo acepto, soy un comprador compulsivo de libros, pero esto ya es absurdo. ¿No ve que soy el mismo tipo de la identificación?”

“Las fotos no me dicen nada. La otra vez vino un individuo que se parecía a un novio mío y que sin embargo se identificaba como el urólogo Pinzón. Por lo tanto, yo no... Oiga, ¿le sucede algo?”

“Nada... recordé algo de repente. ¿Me puede dar mi dinero de una vez?”

“Sólo estoy esperando que me lo autoricen.”

Como si se tratara de una cámara de Gessell, observo del otro lado del vidrio una realidad intocable que cuesta trabajo explicar. De este lado, la vida tiene forma de retiro o depósito. El banco es un mal necesario, casi como el dinero.

“Tenemos problemas con sus fondos. ¿No será que tiene la cuenta en otro banco?”

“Ignoro a qué se refiere cuando dice otro banco. Éste, donde me encuentro ahora, ha cambiado tres veces de nombre desde que soy cuenta habiente.” 

“No es algo de lo que me pueda culpar.” “¡Romances a otro lado! ¡Hace quince minutos que la fila no avanza!”

El cliente que gritó parecía un poco más histérico que yo. No quise ni volver el rostro.

“Mire, don Juan, la gente se está desesperando, ¿qué le parece si viene más tarde?”

“Cómo que Juan. Me llamo Eduardo Huchín, le acabo de mostrar mi credencial.”

“¿Ah, sí? ¿Eduardo Huchín Sosa, el escritor? Vaya qué sorpresa. Si yo tengo su libro.”

Una bocanada de aire llegó a mis pulmones. Pensé que ésa podría ser una de las pocas ocasiones en que mi propia obra me sacara de un apuro. Ella siguió hablando:“Llevo su libro a todos lados. Déjeme decirle que incluso lo traigo en este momento. ¿Me podría escribir una dedicatoria?”

Me llevé la mano al bolsillo: “Claro.”

“Sólo le pediría que la firma me la hiciera igualita que en su credencial.”

Por un momento deseé que mi bolígrafo tuviera un estilete escondido.  

Las paredes hablan

Las paredes hablan

A veces es necesario poner atención a ciertos mensajes para descubrir las voces dormidas de la ciudad de Campeche. De los letreros pegados en las escuelas a las escrituras clandestinas sobre paredes, de las anotaciones hechas sobre los márgenes de libros a las provocaciones de tinta en los mingitorios públicos, alguien anónimo rebate el silencio. Las groserías y sus trazos nerviosos, las declaraciones y sus nombres en mayúsculas, los fanatismos y sus historias personales (alguien escribió “¡Yo soy tu maestro!”, quién sabe por qué, en la pared de una tienda de colchones) forman el manifiesto de la diversidad. Balzac dijo que el callejeo era la gastronomía del ojo. El gustoso recorrido por el menú de lo inesperado. En ocasiones emprendo ese itinerario por calles donde parece que nadie dice nada. Y un descuido gramatical convierte todo en un hallazgo. La cotidianidad cambia cuando podemos fijarnos en detalles aparentemente insignificantes: una letra mal escrita, un chiste sin destinatario, un aforismo equivocado. Entonces la ciudad puede leerse con otros ojos y es posible seleccionar párrafos placenteros que compartir. 

  

Las sagradas abreviaturas: "Afiliado a la as. del sidto. de trans. de la rama autriz. similares y conexos del Edo. de Camp. CTM. de c. 285" (En un taller mecánico sobre la Avenida Gobernadores)

Bonetería genética: “Se impartirá taller de verano para niños de fieltro” (En la puerta de un CENDI, centro).

Filosofía cosmética: “Vive el día de hoy como si fuera el último de tu vida”. (En un paquete de maquillajes para payasos. Aparador de una tienda frente al Mercado)  

Letras de letrina: “Me dicen el ‘Jimi Hendrix’ y eso que no sé tocar guitarra.” (En la pared de un baño público).  

Muy importante: “Los ojetes están más cerca de lo que aparentan.” (Corrección hecha sobre el espejo retrovisor de un automóvil, Barrio de San Francisco).  

La amabilidad, ante todo: “Se hacen trabajos, no ‘milagros’ ”.  (Proveedora papelera, Centro Histórico).  

Al final de una importante advertencia: “...Si no sabe leer, pregunte en la administración.”  (Cámara de Comercio, Avenida Central).  

La redundancia como protesta: “No a la agresión económica al imponer impuestos a nuestras prestaciones.” (Manta en la puerta de Vida Nueva A. C.)  

Super Crunch a la Miguel Ángel Cornejo: “Si no es una pizza perfecta, no la metas al horno.” (Letrero de Domino’s Pizza)  

Precaución: “El pegamento da Sida” (Letrero en una tapicería).  

Poesía selecta para conductores: “El que enamora y maneja, a su paso lisiados deja.” (Programa de educación vial. Avenida Colosio) 

Confesiones de un ex transeúnte: “Está cabrón andar a pie” (Letrero sobre la defensa de una camioneta).  

Higiene burocrática: “Prohibido tirar desperdicios” Y abajo con plumón: “Ya somos muchos” (En una oficina pública).  

Oferta de paquetería: “Fichas extraviadas a sólo $ 10”. (Anuncio en el área de paquetería de la Tienda García) 

Máxima: “Todos los pinches huevones que llegan tarde le echan la culpa a los camiones”. (En el interior de un microbús) 

Atención, vándalos: “Prohibido no hacer mal uso de estas instalaciones” (En una unidad deportiva)

Nueva zoología fantástica

Nueva zoología fantástica

Toda una historia de piratería en Campeche ha determinado nuestra susceptibilidad a hacer versiones piratas de lugares emblemáticos. No conformes con tener una Estatua de la Libertad en Palizada, una réplica provinciana de las Torres Gemelas, una iglesia de la Ópera de Sydney, hemos hecho de Isla Aguada nuestro Roswell tropical. Con el mínimo equivalente a un extraterrestre para la costa, ha llegado a nuestros correos la imagen de una sirena tan desmedidamente real que puede adivinarse la fibra de vidrio de su textura.  Dicen los pescadores del lugar que ellos han oído sus cantos y que la costumbre de amanecer amarrados en sus barcas proviene de su inenarrable presencia. Ah, y hablaron de un tipo de un solo ojo, pero no abundaron en ello.  

Los puntos sobre La I

Los puntos sobre La I

Imagine la siguiente escena: El microbús en el que usted se encuentra va a atravesar un cruce sumamente complicado. Por cuidar su extrema izquierda, el conductor del colectivo no advierte que del lado contrario un camión de cervezas acaba de ignorar la luz roja. Apenas a tiempo para reaccionar, el chofer maniobra para que la desgracia no acontezca. El camión de cervezas pasa de largo, sin que el responsable demuestre una mínima preocupación. Entre el estupor de los pasajeros, el ayudante le dice al conductor: “Mare, varón, íbamos a salir en La I. ¿Te imaginas? Diría algo así como EL ALCOHOL LOS MATÓ Y ESO QUE NO ESTABAN EBRIOS”. Usted suelta una risa nerviosa. El microbús se integra a su ruta acostumbrada. Disolución.

Más que cualquier otro medio escrito, La I ha trazado un camino certero para identificarse con las desgracias que ocurren a la vuelta de la esquina. De los pleitos entre amasios a la comunicación con los fantasmas, el periódico que “llena” y “entiende” ha explotado mejor que nadie eso que Jorge Ibargüengoitia llamó la Ley del horror aceptable: “El interés de una noticia está en razón directa al cuadrado del horror que contiene e inversa de la distancia a la que ocurren los hechos”. En otras palabras: la fotografía de la tragedia causa mayor impresión si podemos llegar al escenario a pie.

“¡Aaaaah! ¡Por suerte el mundo queda tan, tan lejos!”, dice Susanita, aquel personaje de Mafalda, ante páginas que hablan de pobreza y guerra. La objetividad de los periódicos “serios” ha producido también el efecto de lejanía. Los dramas impactantes (los de cientos de damnificados) conmueven a sus lectores sólo en la medida en que éstos agradecen que no hayan sucedido “tan cerca” como para dañar sus antenas de aire. A diferencia de ellos, La I y otros periódicos populares circunscriben a sus lectores a una geografía donde el vecino roba soguillas a las ancianitas y tiene un rastro clandestino en el traspatio.

Los diarios de seriedad objetiva buscan incidir en dos mundos: el de la gente común y el de la política. No obstante, el teatro de la política se mueve con hilos tan delgados que el ciudadano común apenas alcanza a maldecirlos. Pareciera que para los periódicos serios, los seres habituales sólo son importantes si hablan de las promesas incumplidas de sus gobernantes; como si el contexto siempre corroborara la opinión política del director general. Pero en La I la presencia mínima de “actores políticos” es ejemplar. Lo cual significa que la vida continúa de pie sin el microcosmos de los funcionarios y sus palabras y que es posible sustituir las opiniones vacías de los políticos por las opiniones vacías de cualquiera. Si la insistencia con que los periódicos serios usan los sinónimos “dijo”, “agregó”, “afirmó”, “puntualizó” y “aseguró” es el remanente de una tradición que ha girado en torno a las declaraciones de quienes han patrocinado dichos medios, en La I, como en las encuestas, lo que dice la gente común y corriente vale en tanto el cúmulo de opiniones no sólo corrobora los lugares comunes sino que da la apariencia de realidad. 

Pensemos que ningún otro medio ha vendido con tanto éxito el murmullo de la ciudad a precio de escándalo al mismo tiempo que ha protagonizado su propia polémica. Su nota acerca de dos supuestas trabajadoras sexuales en el mercado público y la consecuente denuncia por difamación los volvió un referente. (Un amigo me comentó que corrían rumores acerca del sistema de contratación en La I: “Te sientan frente a cinco señoras y te piden que identifiques cuáles son prostitutas y cuáles no. Si respondes que todas, te contratan”).

Comentarios de este tipo acerca del fenómeno de La I me han hecho escribir este artículo. Me ha impulsado también la fantasía de otros medios que evitan a toda costa ser como La I, pero que quisieran experimentar ese crecimiento casi instantáneo de consumidores. Porque, sin lugar a dudas, la estructura del rotativo no sólo ha evidenciado en pocos meses la pirámide de necesidades de miles de lectores sino que ha condensado en sus páginas las secciones más leídas de los otros diarios: Policía, Deportes y Espectáculos, con una forma de hablar de las tragedias que podría definirse como “softgore”. Un estilo suavizado de ver la sangre. Un Alarma! sin advertencias de edad, con láminas escolares y recetas de cocina.

Quizás el elemento más identificable de La I sean sus titulares, cumpliendo una regla que se aplica a cualquier diario. Encabezar una noticia es manipular la realidad punto de hacerla redituable. Ya sea bajo el disfraz de la objetividad o del sensacionalismo, el titular es el atractivo a distancia de un periódico, y en diarios como La I, las fórmulas suelen ser variadas, a saber:

1. Humor + Horror + Exigencias de la Unesco

PATRIMONIO Y MORTAJA DEL CIELO BAJAN: Se puede usar cuando el techo de una casa colonial se le caiga encima a alguien. Se aderezará la información con los documentos del INAH que impidieron modificaciones en la vivienda.

2. Indignación + Narcotráfico + Cultura cinematográfica

UNA VIDA DE PELÍCULA (PERO DE LOS HERMANOS ALMADA): Se utilizará ante las confesiones de un policía corrupto que acaba de caer en manos de la ley.

3. Problemas viales + Dinero del Erario + Espectáculo de Carnaval

Y VAYA QUE SE LLEVÓ UN PEDAZO DE CAMPECHE: Este encabezado se referirá  a los problemas de no haber terminado una obra pública, por pagarle al artista contratado para cantar en el Carnaval.

4. Amor animal + Horror + Nombre de extinto Talk show

HASTA EN LAS MEJORES ZOOFILIAS: Se usará cuando una mascota, en apariencia amorosa, ataque inexplicablemente a su dueño cuando éste anuncie en su casa los preparativos para su boda.

5. Tecnología para todos + Compañías trasnacionales + Palabras del uso común

MAITROSOFT: Cuando las empresas de computación hagan programas tan sencillos que puedan ser utilizados incluso por quienes no saben sacar dinero del cajero.

  

Dadas las cosas, a nadie debería extrañar que un día de éstos se formule un nuevo axioma de celebridad: “En un futuro no muy lejano todos podremos salir en La I por lo menos una vez”. 

Ría Mística

Ría Mística

Por muchos años en Campeche, la Ría fue la hendidura de la cual quejarse, aunque ya no doliera. La fisura de la vergüenza, una imagen del interior, como si esta ciudad expusiera en sus desechos la vida que corría por sus venas.

Yo tengo otras imágenes de ella: la primera, la del lugar amoroso. No es difícil explicarlo: del otro lado de la avenida vivía una compañera de la prepa que me gustaba; por algunos meses pensé en la Ría como en el escenario de nuestros encuentros (los puentes tienen ese halo romántico, de filme neoyorquino, aunque sepamos que abajo habitan seres inclasificables). Tampoco es difícil suponer el desenlace: la telenovela de mi adolescencia se quedó sin protagonistas cuando la chica y yo acabamos siendo amigos, en la triste frontera donde no hay emociones para el tacto. Por semanas, miré el desagüe con nostalgia; busqué el silencio para experimentar los primeros masoquismos de la memoria y su pregunta incontestable: qué sucedió. Sin embargo, es bien sabido que los cruces sin semáforos son la válvula de escape de los automovilistas y los cláxones me devolvieron a una realidad donde no cabía el ensimismamiento. Para cientos de conductores, el puente de la Ría sólo proporcionaba motivos para pensar en la maternidad ajena en horas pico.   

Pensé en otras historias. En el día memorable en que el microbús se detuvo ante un tumulto de curiosos. El motivo llevaba la rúbrica de una cinta de terror: un cocodrilo andaba suelto en la Ría. Pensé en Alligator y en otras fantasías cinematográficas que trataban de animales recorriendo nuestras alcantarillas. En los tiempos en que asistía a la escuela marista, encontré con frecuencia a personas lanzando anzuelos en esas aguas. Siempre tuve interés en saber qué especies se criarían en tal hábitat.

A la Ría también llegaron los desechos de palabras. La recorrí muchos meses con la atención puesta en los mensajes sobre el concreto. El ayuntamiento le apostó a la blancura, pero los jóvenes vándalos creyeron más en la libertad ganada a gritos de aerosol. Como en la prosa de Bukowski, la obscenidad deliberada se encontró con la literatura: “Puto miedo”, dice un letrero escondido en la multitud de nombres y firmas, con los trazos indecisos de quien está al borde de algo. Yo aventuro dos o tres hipótesis. Me quedo con la que más habla de mí.  

El cruce con la calle catorce, me recuerda, por otro lado, los ensayos del grupo de rock; la casa de la esquina donde podíamos escuchar las conversaciones de los taxistas porque el amplificador de guitarra captaba las ondas de radio. La ventana del cuarto de ensayo, esa dosis de realidad que yo tomaba entre canción y canción, tenía al desagüe como única  fotografía, el póster panorámico que no acababa de irse. Desde el segundo piso, las aceras daban impresiones de absoluta simplicidad: cuatro líneas de cemento recorridas a diario por seres indefensos (quizás por eso los superhéroes ven la ciudad desde las azoteas: porque, desde arriba, todos damos la impresión de necesitar ayuda). Yo tocaba como si aportara el soundtrack de la película, como si la música fuera el único suceso importante en la cada vez más aplastante rutina de los otros.

Hoy contemplo alambrados, máquinas, trabajadores. Las vértebras gigantes de una futura tubería. En este tramo interrumpido, con lodo en los zapatos o la mirada puesta en un árbol caído, Gabriela y yo hemos sentenciado: “Campeche es la maqueta de una ciudad que aún no se construye”. La frase es inexacta, odiosa y apasionada. Terminada la adolescencia, uno extraña hasta las marcas del acné y eso me sucede también con el desagüe en cuestión. Apenas si puedo pensar que es feo, mal oliente e innecesario (tres virtudes, vaya coincidencia, de quienes no somos metrosexuales), pero reconozco por igual que su progreso desfigura mi paisaje cotidiano. Lo siento: en la lenta ciudad donde vivo, la nostalgia de cada generación se atiene a cualquier cosa que esté a punto de desaparecer.  

Una vez cubierta la Ría, tendrá nombre de avenida, lo cual no deja de ser triste para quienes hemos usado la palabra “Ría” como referencia todos estos años. De manera oficial la avenida llevaba ya un nombre, ciertamente injusto, porque en México, la geografía urbana obtiene por decreto sus nomenclaturas (la cotidianidad es más práctica: usa cualquier cantidad de trampas para sortear la falta de ubicación). Para mí la Francisco I. Madero será siempre la Ría, la ruta del camión que he transitado por años. Su historia será también el compendio de postales desde el transporte urbano: el diario deambular de los estudiantes de secundaria, la sucesión de comercios que nunca alcancé a recordar cuando los necesitaba. El autobús nos familiariza con una ciudad que excluyen las guías turísticas (a medio camino entre el tedio y la fealdad) mientras hace vibrar nuestro rostro apoyado en la ventana. Concibo este artículo, con la mirada repartida entre el mundo de afuera y el de adentro. Cerca de mí, letras temblorosas hablan de un Romel al que nunca conoceré a pesar de su nombre escrito en todos los respaldos, el conductor sube el volumen de su reproductor de casetes, la chica del último asiento me comparte sus audífonos y la sinfonía del hombre común parece componerse de ejecuciones que nada tienen que ver unas con otras.

Pido parada. El tope del parque (“Francisco I. Madero”, otra vez) ha sido hasta ahora mi aliado cuando se trata de que un autobús se detenga. Caigo sobre un charco. El busto irreconocible del héroe (viví engañado toda mi infancia pensando que se trataba de un músico) contempla mi ridículo desde lo alto. El lugar es oscuro, con juegos infantiles en el abandono (un columpio en la penumbra es eficaz sólo si aparece en Poltergeist). Cerca, niños practican futbol en un campo improvisado. Las bancas transmiten las vibraciones del asfalto; sobre ellas, parejas buscan sacudimientos interiores. He caminado cientos de veces la misma trayectoria de regreso y hasta ahora el escenario me hace imaginar una ciudad donde sólo lo feo es entrañable. Llego a la puerta de mi domicilio. Antes de meter la llave por la cerradura, me convenzo de que es necesario escribir un réquiem. Los zapatos enlodados sobre el tapete son la última señal de un paisaje que se ha ido conmigo a casa.