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Tediósfera

No hay permanencia voluntaria

No hay permanencia voluntaria

Los cines en Campeche son como los maridos infieles: se oyen cosas terribles de ellos hasta que se van. La noticia de que la construcción de The Home Depot dejará a la ciudad sin sus únicas salas por año y medio ha despertado una crisis precisamente entre quienes nunca iban al cine.

Por años, vi a mis amigos revisar los periódicos tan sólo para decepcionarse de que tal o cual película se había retrasado una semana más; los vi regresar de las últimas funciones, como si acabaran de perderlo todo en una pelea que sabían de antemano arreglada; presencié sus quejas sobre los tonos celulares, sobre el exceso de niños durante los filmes sobre superhéroes. También presencié sus abandonos. Se habían vuelto cinéfilos que ya no iban al cine, pero ante la noticia, fueron los primeros que reaccionaron como si les acabaran de anunciar una veda de sexo de ocho meses.

No me extraña que la mayor crisis por la ausencia de cines provenga no del hecho, sino sólo de la posibilidad de que ya no estén. Nada tan placentero como sufrir lo inminente antes de tiempo. ¿Cuántas películas de “La Roca” nos perderemos?, ¿qué haremos en esas tardes en que la mejor opción era una tonta parodia americana?, ¿moriremos de un exceso de tiempo libre?, ¿no habrá más remedio, como supuso un amigo,  que volvernos todos drogadictos por falta de distracciones?  

“Ya no voy a tener donde ir a platicar”, dijo una amiga. Y era verdad. Con el cine hollywoodense los mexicanos nos volvimos, más que espectadores, cronistas cinematográficos. Juan Villoro ha observado que el público nacional es incapaz de ver un perro en la pantalla sin decir: “Mira, un perro”. Como los comentaristas de futbol, nos habíamos convertido en expertos para describir lo evidente y no habíamos tenido el mínimo pudor de compartirlo en un radio de diez butacas. Duele admitir que hubo cintas tan malas que sólo fueron soportables gracias a la señora de al lado que de repente empezó a hablar de su marido al que cada vez quería menos. En la pantalla, el beso se prolongaba un segundo más y abajo –en el amor a ras de suelo- las cosas eran harto más complicadas. Con justicia pudimos decir que a veces fue divertido ver una cinta con tantas notas biográficas al pie.   

Lo más paradójico es que la audiencia campechana no va a sufrir la ausencia de cine sino sólo de la experiencia cinematográfica. Es decir, del ritual de consumir ficción. Y es que el cine es la última distracción con tantos protocolos. Nada tan fácil como abrir un libro o localizar un DVD en el estante; incluso bajar una película de Internet consume horas que no tenemos que padecer frente a la pantalla. El cine es una experiencia social. Hay que vestirse para la ocasión, avanzar en filas, guardar hasta donde sea posible la urbanidad y las buenas maneras; supone encontrarse con gente que no conocemos y también con amigos que hace mucho tiempo no veíamos. Como imagen del mundo, representa lo mejor y lo peor que tiene la incursión de las multitudes en el entretenimiento: uno se siente menos solo, sí, pero hay demasiados tipos empeñados en reírse al primer atisbo de un chiste. 

Bien ha escrito Guillermo Sheridan: “Cuando uno va al cine lo hace impulsado por la nostalgia de las primeras veces que fue, y esa nostalgia suele estar más presente que la inmediatez del espectáculo”. Razón no le falta. El público común sabe menos una historia del cine que de las salas de cines. Después de oír a tus papás, queda la impresión de que asimilaron más los lugares que las películas: hablan del Renacimiento, el Colón, el Jardín, el Lumiére, el Estelar, los Alhambra, con bastante precisión aunque con regularidad confundan Rey de reyes con Quo Vadis?. Finalmente, su mayor síntoma es opinar sobre las salas como si se tratara de amigas metidas a la actuación: “Comenzó bien, era entretenida, lástima que acabó haciendo porno”.

Los cines –los edificios que albergaban la pantalla y las butacas- han concentrado por años los horrores que el cine -el séptimo arte- redimió. A lo largo de nuestra vida, hablamos de salas que ya no existen, pero que ejemplicaron en su precariedad (el suelo pegajoso, el nido de murciélagos, el tuberculoso del asiento de atrás) nuestras ansias auténticas de ver una película, cualquiera que ésta haya sido. El Día de la Independencia, Tornado, Armageddon y otros desastres simulados tuvieron el encanto de suceder en las primeras páginas de nuestras vidas. Algo tienen esas historias que son puro buen recuerdo. Como los amores adolescentes, preferimos evitarlas años después para no advertir nuestros malos gustos. 

Con el tiempo llega una edad en que las únicas proyecciones a las que puede uno acceder son las de su nostalgia. La memoria cinematográfica de mi papá, por ejemplo, provino de su habilidad para entrar al cine Renacimiento sin pagar. Ahora, en una plática de sobremesa, puede citar películas, hablar de actores, recordar palmo a palmo la carrera entre Mesala y Judá Ben-Hur y todo tendrá un solo escenario: el viejo cine frente a los portales. Y lo entiendo, pasar junto a unas salas abandonadas nos despierta la misma desesperanza de nuestra habitación en ruinas. “Sucedieron tantas cosas ahí”, decimos, como para aceptar que la ficción era un poco más real cuando éramos niños.

       FIN

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14 comentarios

gerardo -

ya hacia falta un articulo que nos trajiera al nosatalgia del cine en campeche

Jorge Aranda -

Se nos va a ir el indice de natalidad a las nubes...

mario a. -

Eduardo, lo más triste es que en los 11 años que llevo viviendo en Campeche, nunca nadie invirtió para construir otro cine...no es tanto el hecho que cierren el cine, voy contadas veces al año, sino el retroceso que representa para el Estado, mientras nuestos gobernantes se jactan cada 7 de agosto en decir que han atraído inversiones....también deberian decir las inversiones que se fugan cada año y hacer un balance...es una lástima que esto nos pase en pleno siglo XXI...

Yary -

Lo que a mi me asombra más no es que vayan a ´tirar´el cine, sino que a estas alturas la ciudad solo cuente con uno y solo un cine, tal vez sea por eso que resulte de taaaanto revuelo tanto para cinéfilos como no cinéfilos. Saludos!

Giggles -

"Mira, un perro"..Jajajaja
Ya tengo risa para un buen tiempo.
¡Uy! sí, ya no habrá cine en San Fco. de Campeche...ahora donde exhibirán sus ropitas y actitudes nuevas los "fresas" que son menores de edad y aun no asisten a la "disco"...

Elmer Sosa -

COMO SIEMPRE ESPLENDIDO TODO LO QUE ESCRIBES, FELICIDADES

Laura -

Yo al igual que Carol no me encariñé con los Holliwood, habré ido una o dos veces por año, y en más de una ocasión salí frustrada: la película no era lo que yo esperaba, una mala adaptación del libro, malos actores, mucha violencia, etc, etc, sin contar las condiciones poco salubres de la sala, así que al igual que Carol me aguanto y si son muchas las ganas de las palomitas ahí esta el Cine-Teatro Universitario Joaquín Lanz.

Laura Trujillo -

Bueno, pues a diferencia de muchos, me da igual que no haya cines. Lo se, tenía que ser yo la del comentario extraño. Pero no lo puedo evitar, el cine es algo a lo que repelo, es una de mis tantas fobias.
Y lo único, es que lo siento por mis amigos que esperaban con ansias el miércoles para ir al cine jejeje. Ni modo, tendrán que buscar otras opciones.
¡Me da igual!
Un saludo a todos, y no se preocupen, algo mejor vendrá (dicen por ahi)

KurtC. -

por acá en guadalajara tumbaron el cine Reforma, ese que estaba en forma de castillito...casi lloro al verlo convertido en un fabuloso estacionamiento.

Daryl -

¿que puedo decir? Aqui en Ciudad del Crimen tenemos Hollywood y todavia van a poner más en un futuro incierto. supongo que si debe causar nostalgia o algo así porque yo sentí algo parecido cuando cerraron aqui el Jaber y el Isla. Me fascinaban los nachos del Isla pero era el que mas cucarachas tenía...¡argh!. Me suena interesante eso del cine de arte, ¿será que funcioné? Campeche siempre se me ha hecho más cultural que Carmen.

Karol -

Ps. Dispensa el horror ortográfico

karol -

Creo, sinceramente, que sentí mas cuando cerró el Estelar (nuestro refugio en los días de prepa) no me pasa lo mismo con los Hollywood, aunque admitó que cuando los estrenaron eran una sensación pero en lo personal nunca llegué a encariñarme con él, sobre todo cuando descubría que la pelicula del momento - estoy trantando de recordar el nombre del alguna- se extrenaba en casi todo el país menos en Campeche...y bueno si llevó mas de tres meses sin ir al cine igual y aguanto dos años. Viendolo por el lado positivo, Campeche será el estado con mas audiencia en cine de arte...

rodrigo solís -

Desde que me mudé a vivir a Campeche unos piensan que de lo que más me he quejado (no lo puedo evitar, quejarme es para mí tan esencial como el aire que respiro las 24 horas del día) es de los políticos, pero la verdad, es que no es así. Eduardo puede dar fe y legalidad que esas son calumnias. De lo que más me he quejado es de los cines Hollywood. Sin embargo, los cines Hollywood, muy a pesar de todo lo que ya describió Eduardo tan magistralmente en este escrito (y yo le sumaría las cucarachas y el aire acondicionado que solo conoce dos temperatura: los menos 25 grados o los 40 grados centígrados) son como esas novias y/o amantes caprichosas y locas que a pesar de ser unas brujas uno no puede dejar de seguir frecuentándolas en busca de un poco de cariño a un precio altísimo.
Extrañaré a los cines Hollywood porque soy un pueblerino con alma de mártir, muy a pesar de todas las incomodidades y calamidades que me hicieron pasar. Lo admito, los prefiero por mucho (aunque casi nunca vaya) que a esos cines bonitos y elegantes que construirán en esa bonita y elegante plaza que desde que llegué a Campeche a vivir vengo oyendo que construirán.

p -

Estupendo artículo (para variar), casi me haces cambiar de parecer sobre la inminente desaparición de los cines. "Casi", porque mientras leía me di cuenta de que esa nostalgia que describes sí la siento, pero no por los Hollywood. Recuerdo la espera por "Día de la Independencia" en el Alhambra, "Titanic" en el Estelar, desear con todas mis fuerzas tener valor para meterme al Colón a ver si de verdad pasaban pornos (no me atreví)... me imagino que los lectores más jóvenes que nosotros sí van a sentirse mal, pero bueno, es parte de la vida que te arrebaten todo lo que te hace feliz y tengas que aguantarte como los hombrecitos.

Pd.- La película de esta semana en el Joaquín Lanz es una maravilla: "Lejos de ella", una de las mejores del año pasado. MUY buena, no dejes de ir (y recomendarla).
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