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Tediósfera

El Informe a nivel de cancha

El Informe a nivel de cancha

Pensemos en el Estado como en una organización deportiva. Tiene un público fiel que se alegra de las victorias y llora las derrotas, se identifica con la camiseta, asiste a las concentraciones, paga su bono para toda la temporada. ¿No suena familiar?, ¿no será por ello que los clubs a veces tienen nombre de ciudades?

Un informe de gobierno es como la rendición de cuentas del equipo. Cuántos goles a favor, cuántos en contra, partidos perdidos y ganados. Motivados por quién sabe qué perversas razones, los asistentes al informe del gobernador quieren corroborar el desempeño de la oncena de sus amores, u oír en boca del entrenador si son ciertos los rumores de los noticieros deportivos. Todo ello, a fin de cuentas, influirá para ver si se conserva o no la camiseta tricolor en el próximo cambio de directiva.

Quienes gobiernan un estado saben que tanto en el futbol como en la política, siempre es mejor jugar de local y sólo en ese caso tener el estadio lleno. La fanaticada responde al desempeño de la oncena estatal con sumo entusiasmo, aunque a veces no oculte los momentos de bostezo. Por otro lado, los primeros palcos siempre exhiben a quienes sí pueden pagarse esos boletos exclusivos y no se conforman con mirar el Informe en las pantallas gigantes. Al fin de cuentas, el deporte es de ellos, los directivos, aunque luego digan “que nos pertenece a todos”.

Pero así es el futbol y la política. Y si algo enseñó esta temporada es que en la recta final de cada partido todos tus jugadores quieren patear de delanteros. El entrenador les dijo en este informe que no se pelearan el balón entre ellos y que mejor hicieran “labor de conjunto”. No se sabe si todos los jugadores harán caso de la instrucción; sobre todo aquellos que quieren jugar más allá de la Sub-35.

-¿Qué va a suceder con los cachirules?- le preguntaron más tarde a Beatriz Paredes, presidenta de la principal proveedora de futbolistas al equipo, en referencia al rumor de que uno de los suyos había falsificado su acta de nacimiento para aspirar a la gubernatura en el 2009.

-No es tiempo de dar opiniones- dijo al borde de la cólera. Fue un momento ríspido al margen del encuentro.

El informe de este martes había levantado mucha expectación entre los fanáticos y los analistas. La semana pasada fracturaron a un defensa carmelita. Aunque fue un duro golpe a la espinilla, hasta donde se sabe el jugador se encuentra en recuperación. Esa sorpresiva violencia del equipo rival dejó a todos los aficionados con agrio un sabor de boca respecto a lo que diría el director técnico. En respuesta, el estratega advirtió que reforzará la línea defensiva, aplicando algo que llama el “catenaccio policiaco”, a fin de que ningún otro disparo del contrincante llegue siquiera a tocar el palo de la portería.  

Este último informe fue un recuento más o menos previsible, pero especial, pues el equipo cumplió 150 años. En consecuencia se recordaron a las grandes estrellas del pasado, como Tomás Aznar, Juan Carbó y uno de los más mencionados, Pablo García, extraordinario carrilero, quien también fuera primer capitán de la escuadra.  

El director técnico dijo que somos un club en franco ascenso. Yo no sé qué opinar al respecto: ésta era su fiesta y tenía que sembrar la esperanza en los aficionados. El entrenador pronosticó que pronto saldremos de la tercera división y jugaremos al tú por tú con los grandes de la Liga: el Monterrey, el Guadalajara, el equipo capitalino y otros. Y dio en el clavo porque ése ha sido uno de los grandes sueños de la afición: dejar las cascaritas y los torneos de pueblo.

Un espeluznante recuento histórico haría pensar que Campeche siempre jugó en condiciones desventajosas. Si no era el síndrome del Jamaicón eran los malditos penales, pero en el clásico peninsular siempre llevábamos las de perder.  La gente ya se estaba acostumbrando a ver al conjunto como un equipo que nunca subiría sus bonos, aún así cambiara su directiva cada seis años. Y a escondidas, disfrazados, muchos aficionados iban a los partidos del club Yucatán.

Pero ahora el entrenador se mostró muy confiado. No es de extrañarse, cada director técnico dice que va a sacar al equipo del sótano de la tabla, pero siempre la oncena termina llenándose de sus familiares, que no son nada eficaces al momento de salir a la cancha.

Sin embargo, esta vez, el DT tenía un as bajo la manga. Cuando todo mundo esperaba interpelarlo por la lesión sufrida en Carmen, Hurtado habló de una nueva contratación. No debería ser tampoco sorpresivo, porque cuando el anterior DT trajo a aquella dupla ofensiva conocida como “los maquiladores”, parecía que las cosas irían mejor, pero no fue así. El año pasado la llegada de un medio de contención español, Grupo Mall, levantó la opinión a favor, pero finalmente terminó teniendo algunos altercados con los miembros de aquella porra antiquísima conocida como “los alarifes”.

Esta vez, pese a todo, parecía que las cosas iban en grande. La nota la dio la estrella del futbol asiático, Bering Corporation, quien vendrá a jugar a Campeche por 2 mil millones de dólares, una cifra inédita en nuestro balompié y cuya firma apenas se había estampado este sábado, 3 días antes del Informe. ¡Vaya suerte del entrenador!

Por la cantidad de dinero, cualquiera diría que la llegada del delantero Bering resolverá los problemas del equipo y lo harán ascender como la espuma. Pero ya se sabe lo que las estrellas del deporte provocan luego en el conjunto: roces, maledicencias de los jugadores locales, quienes siempre exigirán “privilegiar a las fuerzas básicas”, y la sensación promovida por algunos analistas de que esos tacos de peso completo dañarán la virginidad de nuestros pastos.

Y es que el anuncio no dejó de lado la sonrisa del entrenador, quien sabía que sus detractores se verían obligados a sonreír también, aunque nerviosamente. A partir de ese anuncio, el resto del informe fue un cúmulo de gracias: a Dios, a la familia, a la afición. Ésa fue la despedida.   

Mientras tanto, en las afueras del estadio, “la Monumental”, una porra conformada por fanáticos (la mayoría acarreada, ya se sabe, por la directiva), se preparaba para aplaudir la salida del entrenador, con mantas de una gratitud excesiva: “Lo apoyamos en todas sus decisiones”, “Gracias por esos tres goles por la educación”. Bajo las lonas, con la música de fiesta, los aficionados celebraban su propio martes futbolero.

(Este 7 de agosto rindió su informe el gobernador de Campeche)

 

 

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