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Campeche: instrucciones de uso

Maravilla campechana # 5 (again): el palacio legislativo (por dentro)

Maravilla campechana # 5 (again): el palacio legislativo (por dentro) El clóset de Willy Wonka fue saqueado por los tapiceros del Congreso del Estado en Campeche.

Maravilla campechana # 5: El palacio legislativo

Maravilla campechana # 5: El palacio legislativo ¿Qué es esto? Para un visitante podría ser alguna de estas opciones:

a) El edificio del Consejo Estatal Contra las Abducciones
b) Una sandwichera gigante, a la que haría falta conectar de una buena vez.
c) El decorado de una película que bien podría llamarse: “Encuentros cercanos del tercer distrito”
Respuesta correcta: c.

Maravilla campechana # 4: Las pirámides de Sectur

Maravilla campechana # 4: Las pirámides de Sectur

Como siempre, en Campeche estamos un paso adelante de los demás: mientras que en Egipto las pirámides son apenas un atractivo turístico, aquí matamos a dos pájaros de un tiro al utilizarlas ADEMÁS como oficinas de la Secretaría de Turismo”.  Después de todo, habría que agregar a este comentario de Rodrigo Solís, las pirámides tienen propiedades siempre útiles: afilar hojas de afeitar, conservar alimentos, combatir el insomnio y facilitar presupuestos para el próximo viaje a alguna feria de turismo europea por parte de los funcionarios de Sectur.

Maravilla campechana # 3: La Ría

Maravilla campechana # 3: La Ría Cuando existía esa corriente de desechos a la que llamábamos Ría, la gente se preguntaba: “¿Por qué no la tapan?”. Cuando el Gobierno hizo lo propio a fin de hacer una avenida más amplia, las personas dijeron: “¡No la cubran!” Sus aguas han albergado lo mismo especies de pesca (podían verse tipos lanzando anzuelos en alguna época) que lagartos llevados por el huracán.  Afortunadamente aún existe una parte de ella. Una crónica de su transformación puede leerse en este mismo blog, en la dirección:

http://tediosfera.blogia.com/2006/090402-ria-mistica.php

 
 

Maravilla Campechana #2: Los Jardines Colgantes de Panchito Brown

Maravilla Campechana #2: Los Jardines Colgantes de Panchito Brown

Panchito Brown ha sido no sólo candidato y ecologista (incluso salía en sus propagandas dando biberón a un venado), creador del Parque Ecológico de Campeche (que usa las lonas de sus otrora adversarios como techo de las jaulas) sino promotor del cuerpo sano. Para cumplir tal misión, puso a disposición de la sociedad un gimnasio poco ortodoxo. Rodrigo Solís hace la mejor descripción: “¿Qué mejor manera de hacer ejercicio que rodeado de guirnaldas de flores multicolores? Un oasis en medio de la metrópoli campechana, es al mismo tiempo un gimnasio y un pequeño pedazo del Edén”.

Maravilla campechana # 1: Campeche's Opera House

Maravilla campechana # 1: Campeche's Opera House

Los blogs "Pildorita de la felicidad" y "Tediósfera", a cargo de Rodrigo Solís y un servidor, estamos realizando un nuevo conteo con las 7 maravillas de la ciudad de Campeche. ¿Por qué? Porque Campeche es autosuficiente.
Por ello, en breve daremos a conocer un nuevo blog para las votaciones; por lo pronto estaremos promoviendo a los sitios candidatos.
El primero es el Campeche's Opera House, una capilla católica que de repente "apareció". Gabriela dice que su arquitectura se debió a un problema de comunicación. Se le pidió al arquitecto diseñar algo inspirado en el "Metatrón" (entiéndase "La voz de Dios"), pero él entendió "Megatrón" (entiéndase "Decepticons"). He aquí el resultado.

Mi vida por una moto

Mi vida por una moto

Hasta antes de Telesur, sólo los accidentes congregaban a tantas personas alrededor de una moto. Parecería broma, pero la televisora local campechana convocó a trece concursantes a fin de conformar un reality que terminó siendo, como todas las series de su tipo, un “surreality”. El premio mayor era esa misma motocicleta y los concursantes se sujetaban a ella a sabiendas que el último en soltarla sería el ganador. El más persistente implantó un récord de 98 horas; más de 4 días en los que no fue al baño ni hizo otra cosa más que esperar a que los demás optaran por regresar a la vida.  
Él y la chica que ganó el segundo lugar alcanzaron estatus de héroes. Fueron visitados por el equipo de béisbol Piratas de Campeche y el diputado del tercer distrito arribó a darles ánimos. Casi en la recta final la gente los ovacionó quizás porque cumplieron como nadie el apotegma de que lo “difícil no es llegar sino permanecer”. La lenta agonía fue transmitida por cable minuto a minuto, como si capturar la cotidianidad fuese en sí mismo un desafío televisivo. Colmado el entretenimiento de gente normal que finge ser especial (los conductores locales salen con regularidad a la calle pero no te saludan), las cámaras volvieron a las personas comunes un poco para ver cómo era la vida sin guión ni maquillaje.
¿Qué se logró? Primero que nada un récord impensable de audiencia. Según datos de la televisora se recibieron 22 mil 300 mensajes de apoyo por celular y 5 mil 612 llamadas telefónicas. Imposibilitada la ciudad para un estudio de raiting, el impacto pudo palparse en la plática cotidiana, que a fin de cuentas avaló lo dicho por la empresa: a la gente le interesaba saber quién sería el último en soltar aquella moto. Y lo más sorprendente: les resultaba entretenido.
¿Cómo puede explicarse el fenómeno? Tengo una teoría: la persistencia. Los mexicanos veneramos la perseverancia sobre cualquier otro valor hasta extremos anómalos. ¿Se premia a los buenos maestros? ¡No! Se reconoce a los que llevan más años frente a un grupo. ¿Cómo valuamos a un matrimonio exitoso? Por el medio siglo compartido bajo un mismo techo. Algo similar sucede en el reality de la moto: sólo la resistencia, como si se tratara de aquellos náufragos mexicanos en el Pacífico, es digna de admiración.
Pero hubo otra consecuencia: el segundo lugar se robó el espectáculo. Ser la única mujer que llegó al final, hizo ver a Mercy Ceh Solórzano como si se tratara de Sor Juana. Medio mundo tomó el micrófono para destacar que “era una ganadora”. Incluso, Luis Enrique Mendoza, el auténtico ganador de la moto, declaró: “Es una chava fuerte, yo tengo tres hijas. Le dije que espero que cuando mis hijas crezcan sean tan chingonas como ella”.
Vladimir de la Torre, uno de los conductores del evento, dijo en medio de la apoteosis que Mercy “era una digna representante de las mujeres campechanas”. ¿Eso qué significa?, ¿que saben sujetarse a algo y no soltarlo aún así se les vaya el tracto digestivo en ello? ¡No! ¡Significa que se plantean un objetivo y lo logran! (No se sabe si eso se circunscribe solamente a sujetar a una moto).
Pero hay más. Sobreexpuestos a la TV (incluso pueden poner en sus currículos que tienen una experiencia de 98 horas delante de una cámara profesional), los finalistas han alcanzado esa celebridad pequeña que dan las ciudades de provincia.  Reconocibles ya, invitados a programas posteriores, los tres finalistas obtuvieron cada uno una moto (esa jugada mediática que ya sospechaban, pero que no les impide gritar cuando se les anuncia). ¿Qué será de ellos? No lo sé. Pero que uno haya declarado que esas 98 horas fueron las más divertidas de su vida, me hacen conjeturar algunas respuestas.  

Las preguntas de la vida

Las preguntas de la vida

¿Qué se pregunta ahora la gente?, me dije. En la antigüedad griega, el mundo parecía reducirse a unas cuantas cuestiones como qué es el alma o si serían permitidos los efebos en el Mundo de las Ideas del que tanto hablaba Platón. Los hebreos pensaban: ¿faltará mucho para la liberación de nuestro pueblo? y los egipcios ¿qué hace una langosta muerta en mi recámara? 

La historia del mundo también debería ser la historia de sus preguntas. La aparición del método científico por supuesto cambió la forma de enunciar una duda. Si antes nos preguntábamos “¿por qué hay tantos murciélagos en la UAC?”, después del método científico deberíamos hacer la pregunta de este modo: “Determinación de la flora y fauna propicia para la aparición de murciélago en los jardines de la Universidad” y además publicar nuestra respuesta en la Gaceta Universitaria. 
 

Los periódicos, a través de los sondeos, se preocupan por saber las respuestas que tiene la gente ante determinadas preguntas: ¿está de acuerdo con la Ley del Issste?, ¿apoyaría la reforma del artículo 61? Al parecer a nadie le preocupa rastrear las dudas de la población: qué se cuestionan las personas en sus momentos de insomnio, en la soledad de una banca del parque, mientras se transportan en camiones urbanos. A pocos les ha interesado saber qué les inquieta a los ciudadanos; además parecería poco serio abordar a los entrevistados diciéndoles: a ver, señor, necesito que me haga un favor: pregúntese algo. 

A todos, en determinada parte de nuestra vida, nos ha interesado saber si vivir vale la pena, de si vamos a encontrar pareja algún día, de si pagar 70 mil pesos por un Ikon de medio uso es o no una tomadura de pelo. Siempre recurrimos a la indagación cuando estamos a las puertas de una decisión importante, que involucre el honor y sobre todo, el dinero: ¿debo o no apostar por el América la próxima temporada?, ¿compro un Melate o dos?, ¿será hora ya de exigir a la Fundación Pablo García que me pague mi beca de posgrado?

Pero eliminemos también esas cuestiones. Sobre todo porque preguntarse cosas que tengan que ver con dinero no es una auténtica preocupación, sino una resultante de este mundo excesivamente monetario en el que vivimos. Dejemos fuera el dinero; concentrémonos mejor en otras cosas.  

Sobre esas “otras cosas” quise hacer una investigación. Enlistar, aunque sea a pequeña escala, el motor indagador de la gente común. Durante mucho tiempo, estuve pendiente de las conversaciones ajenas y propias. Viajé en camión, no desestimé los cafés repletos, las filas en los restaurantes de comida rápida, o los “minutos del cigarro” en el trabajo. Escuché atentamente lo que las personas platicaban entre sí, en busca de dudas individuales. No la típica pregunta que te hace un jubilado a las afueras del banco de cómo sacar dinero del cajero, sino algo más inútil y más personal: ese tipo de curiosidad que tienen los niños pequeños, donde todo es por qué, dónde y qué es eso. Descubrí que para la gente adulta y consciente es más fácil afirmar algo de sí que compartir sus dudas, quizás porque comunicar una duda revela también una forma privada de pensar.

Tras horas de estudios de campo en distintos momentos de mi vida, recopilé algunas preguntas. Las apunté al llegar a casa y a veces hasta hice claves en mi brazo para no perder la idea. La calle fue muy útil y el azar ayudó también. Sería muy difícil reproducir el contexto en que estas preguntas fueron enunciadas, así que las reestructuré para que pudieran entenderse de manera independiente.

De la Universidad al parque público, de la biblioteca a la cantina, de la salida de misa al supermercado, rastreé lo que la gente alcanzaba a preguntarse en momentos poco decisivos.  Hice el mapa cartesiano de una ciudad que igual existe porque duda.  No enumeré la lista para jerarquizar las ideas, sino sólo para fines organizacionales.

Las 20 dudas más interesantes que encontré fueron las siguientes:  

1. ¿Será posible encontrar una recopilación pirata que no tenga la palabra “Perrón”?
2. Si hay tantas tiendas llamadas “La bendición de Dios” o “La Divina Providencia”, ¿existe relación alguna entre los abarrotes y la fe? 
3. ¿Por qué, en las cumbias, la palabra “bailar” siempre rima con “gozar”?
4. ¿Por qué los fanáticos de los gimnasios siempre usan playeras turísticas de “Cozumel México”?
5. ¿Por qué a los negros se les llama “gente de color” si técnicamente el negro es la “ausencia de color”?
6. ¿Por qué las taquerías se nombran siempre con la palabra “Amigo”?
7. ¿Por qué las canciones tropicales interpretadas por los tecladistas de la región siempre hablan de comida?
8. ¿Por qué, en las películas del Santo, el científico secuestrado siempre tiene una hija de buen cuerpo?
9. ¿Por qué las cumbias plantean relaciones contra natura, como la de “La jirafa enamorada de un monito”?
10. ¿Podría encontrarse algún premio de facultad universitaria que no tenga el nombre de una película?
11. ¿Será posible que la única expresión que conozcan los tecladistas para referirse a su auditorio sea la de “público bonito”?
12. ¿Por qué todos los meseros que usan pañoleta en la cabeza creen que son simpáticos?
13. ¿Por qué en las máquinas de baile hay siempre algún tipo bailando fuera?
14. ¿Es Elio Roca un personaje secundario de Los Picapiedra?
15. ¿Llegará el día en que los hombres laven las ollas cuando les toque lavar trastes?
16. ¿Por qué los carruseles tienen las caras de artistas ochenteros que ya se volvieron cristianos?
17. ¿Podría ser que los ortodoncistas no usen los motes de “muñeca” o “guapa” para referirse a sus pacientes?
18. ¿Por qué siempre hay un marino en las presentaciones de libros?
19. ¿Por qué el personaje “Woodstock” de Snoopy se traduce en México como “Emilio” y no como “Avándaro”?
20. ¿Habrá otra forma de poner la palabra “propósito” en los boletines gubernamentales sin que la anteceda la palabra “firme”?