Blogia

Tediósfera

Maravilla campechana # 6: El coloso de Bellavista

Maravilla campechana # 6: El coloso de Bellavista

Norma y yo siempre quisimos hacer un "Shadows of the Colossus" donde hubiera que combatir con las estatuas de Campeche (la más sencilla era la efigie tamaño real de Bilbo Bolsón que está a la entrada de la Biblioteca Estatal). Uno de los colosos más difíciles era el Benito Juárez de Bellavista, un gigante laico y que sabe tocar la flauta, que nos cuida desde el cerro. Y para muestra un botón:

 http://www.youtube.com/watch?v=gkYTbSIqGKo

 

Maravilla campechana # 5 (again): el palacio legislativo (por dentro)

Maravilla campechana # 5 (again): el palacio legislativo (por dentro)

El clóset de Willy Wonka fue saqueado por los tapiceros del Congreso del Estado en Campeche.

Maravilla campechana # 5: El palacio legislativo

Maravilla campechana # 5: El palacio legislativo

¿Qué es esto? Para un visitante podría ser alguna de estas opciones:

a) El edificio del Consejo Estatal Contra las Abducciones
b) Una sandwichera gigante, a la que haría falta conectar de una buena vez.
c) El decorado de una película que bien podría llamarse: “Encuentros cercanos del tercer distrito”
Respuesta correcta: c.

Maravilla campechana # 4: Las pirámides de Sectur

Maravilla campechana # 4: Las pirámides de Sectur

Como siempre, en Campeche estamos un paso adelante de los demás: mientras que en Egipto las pirámides son apenas un atractivo turístico, aquí matamos a dos pájaros de un tiro al utilizarlas ADEMÁS como oficinas de la Secretaría de Turismo”.  Después de todo, habría que agregar a este comentario de Rodrigo Solís, las pirámides tienen propiedades siempre útiles: afilar hojas de afeitar, conservar alimentos, combatir el insomnio y facilitar presupuestos para el próximo viaje a alguna feria de turismo europea por parte de los funcionarios de Sectur.

Maravilla campechana # 3: La Ría

Maravilla campechana # 3: La Ría

Cuando existía esa corriente de desechos a la que llamábamos Ría, la gente se preguntaba: “¿Por qué no la tapan?”. Cuando el Gobierno hizo lo propio a fin de hacer una avenida más amplia, las personas dijeron: “¡No la cubran!” Sus aguas han albergado lo mismo especies de pesca (podían verse tipos lanzando anzuelos en alguna época) que lagartos llevados por el huracán.  Afortunadamente aún existe una parte de ella. Una crónica de su transformación puede leerse en este mismo blog, en la dirección:

http://tediosfera.blogia.com/2006/090402-ria-mistica.php

  

Maravilla Campechana #2: Los Jardines Colgantes de Panchito Brown

Maravilla Campechana #2: Los Jardines Colgantes de Panchito Brown

Panchito Brown ha sido no sólo candidato y ecologista (incluso salía en sus propagandas dando biberón a un venado), creador del Parque Ecológico de Campeche (que usa las lonas de sus otrora adversarios como techo de las jaulas) sino promotor del cuerpo sano. Para cumplir tal misión, puso a disposición de la sociedad un gimnasio poco ortodoxo. Rodrigo Solís hace la mejor descripción: “¿Qué mejor manera de hacer ejercicio que rodeado de guirnaldas de flores multicolores? Un oasis en medio de la metrópoli campechana, es al mismo tiempo un gimnasio y un pequeño pedazo del Edén”.

Maravilla campechana # 1: Campeche's Opera House

Maravilla campechana # 1: Campeche's Opera House

Los blogs "Pildorita de la felicidad" y "Tediósfera", a cargo de Rodrigo Solís y un servidor, estamos realizando un nuevo conteo con las 7 maravillas de la ciudad de Campeche. ¿Por qué? Porque Campeche es autosuficiente.
Por ello, en breve daremos a conocer un nuevo blog para las votaciones; por lo pronto estaremos promoviendo a los sitios candidatos.
El primero es el Campeche's Opera House, una capilla católica que de repente "apareció". Gabriela dice que su arquitectura se debió a un problema de comunicación. Se le pidió al arquitecto diseñar algo inspirado en el "Metatrón" (entiéndase "La voz de Dios"), pero él entendió "Megatrón" (entiéndase "Decepticons"). He aquí el resultado.

Mi vida por una moto

Mi vida por una moto

Hasta antes de Telesur, sólo los accidentes congregaban a tantas personas alrededor de una moto. Parecería broma, pero la televisora local campechana convocó a trece concursantes a fin de conformar un reality que terminó siendo, como todas las series de su tipo, un “surreality”. El premio mayor era esa misma motocicleta y los concursantes se sujetaban a ella a sabiendas que el último en soltarla sería el ganador. El más persistente implantó un récord de 98 horas; más de 4 días en los que no fue al baño ni hizo otra cosa más que esperar a que los demás optaran por regresar a la vida.  
Él y la chica que ganó el segundo lugar alcanzaron estatus de héroes. Fueron visitados por el equipo de béisbol Piratas de Campeche y el diputado del tercer distrito arribó a darles ánimos. Casi en la recta final la gente los ovacionó quizás porque cumplieron como nadie el apotegma de que lo “difícil no es llegar sino permanecer”. La lenta agonía fue transmitida por cable minuto a minuto, como si capturar la cotidianidad fuese en sí mismo un desafío televisivo. Colmado el entretenimiento de gente normal que finge ser especial (los conductores locales salen con regularidad a la calle pero no te saludan), las cámaras volvieron a las personas comunes un poco para ver cómo era la vida sin guión ni maquillaje.
¿Qué se logró? Primero que nada un récord impensable de audiencia. Según datos de la televisora se recibieron 22 mil 300 mensajes de apoyo por celular y 5 mil 612 llamadas telefónicas. Imposibilitada la ciudad para un estudio de raiting, el impacto pudo palparse en la plática cotidiana, que a fin de cuentas avaló lo dicho por la empresa: a la gente le interesaba saber quién sería el último en soltar aquella moto. Y lo más sorprendente: les resultaba entretenido.
¿Cómo puede explicarse el fenómeno? Tengo una teoría: la persistencia. Los mexicanos veneramos la perseverancia sobre cualquier otro valor hasta extremos anómalos. ¿Se premia a los buenos maestros? ¡No! Se reconoce a los que llevan más años frente a un grupo. ¿Cómo valuamos a un matrimonio exitoso? Por el medio siglo compartido bajo un mismo techo. Algo similar sucede en el reality de la moto: sólo la resistencia, como si se tratara de aquellos náufragos mexicanos en el Pacífico, es digna de admiración.
Pero hubo otra consecuencia: el segundo lugar se robó el espectáculo. Ser la única mujer que llegó al final, hizo ver a Mercy Ceh Solórzano como si se tratara de Sor Juana. Medio mundo tomó el micrófono para destacar que “era una ganadora”. Incluso, Luis Enrique Mendoza, el auténtico ganador de la moto, declaró: “Es una chava fuerte, yo tengo tres hijas. Le dije que espero que cuando mis hijas crezcan sean tan chingonas como ella”.
Vladimir de la Torre, uno de los conductores del evento, dijo en medio de la apoteosis que Mercy “era una digna representante de las mujeres campechanas”. ¿Eso qué significa?, ¿que saben sujetarse a algo y no soltarlo aún así se les vaya el tracto digestivo en ello? ¡No! ¡Significa que se plantean un objetivo y lo logran! (No se sabe si eso se circunscribe solamente a sujetar a una moto).
Pero hay más. Sobreexpuestos a la TV (incluso pueden poner en sus currículos que tienen una experiencia de 98 horas delante de una cámara profesional), los finalistas han alcanzado esa celebridad pequeña que dan las ciudades de provincia.  Reconocibles ya, invitados a programas posteriores, los tres finalistas obtuvieron cada uno una moto (esa jugada mediática que ya sospechaban, pero que no les impide gritar cuando se les anuncia). ¿Qué será de ellos? No lo sé. Pero que uno haya declarado que esas 98 horas fueron las más divertidas de su vida, me hacen conjeturar algunas respuestas.