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Tediósfera

Es que no le tuvieron paciencia

Don ramon

TENÍA QUE SER EL CHAVO DEL OCHO

Según un estudio en Ecuador, El Chavo del Ocho es el programa más violento en horario familiar de ese país, superando a series como Walker, Texas Ranger (con Chuck Norris), Los Soprano y Dragon Ball. El estudio fue realizado por la organización Participación Ciudadana, con el auspicio del Instituto Nacional de la Niñez y la Familia (Innfa) y contempló 110 programas de televisión y series animadas transmitidas entre las 07:00 y las 21:00 horas.

Los adultos encuestados para este estudio consideraron que doña Florinda daba demasiadas cachetadas a Don Ramón y que eso tarde o temprano iba a repercutir en la forma en que sus hijos tratarían a sus vecinos (sobre todo a los que eran desempleados o pobres). Uno no puede estar más de acuerdo con ellos: Chespirito es el diablo. Porque lo más peligroso del Chavo, según veo, no es que su violencia haya sido reiterativa (sucedía en cada capítulo y casi por los mismos motivos) sino que diera risa.
Para los encuestados –y esto es lo revelador- “era preferible una violencia que se demostrara como real, que una  manejada como ficción”. Es decir: optaban por que sus hijos vieran los auténticos efectos de la violencia (como aquellos comerciales de “El que le pega a una nos pega a todas”), a capítulos donde los golpes de Doña Florinda más que indignación provocaran carcajadas.
No sé por qué, 37 años después, sale a la luz esto, si siempre hemos sabido que El Chavo era un catálogo de malos ejemplos: demasiados niños en la vagancia, padres irresponsables que se escondían del casero, hijos manipuladores y familias absolutamente disfuncionales (nunca aparece ningún matrimonio completo). Sus valores eran la desidia (Don Ramón), la intolerancia (Doña Florinda), la arrogancia (Kiko) o la incompetencia (Jaimito el Cartero), ya no digamos la torpeza (El Chavo). En fin, que con tantos buenos modelos uno ya no se extraña por qué Chespirito era el cómico preferido de los capos latinoamericanos o por qué su éxito ha alcanzado para tres décadas: porque sus personajes se parecen a muchos de nuestros conocidos. 

     
     

 
QUÉ BRUTOS, PÓNGALES CERO

El juicio Ecuador vs El Chavo revela una de las mayores preocupaciones de los padres respecto a la televisión -que fomente la violencia-, pero más aún muestra que los estudios suelen calificar de violenta a casi cualquier cosa. Ya Gerard Jones, en su libro Matando monstruos había desarticulado los sesgos metodológicos que inclinaban los estudios de violencia y televisión hacia una respuesta previsible. Si son las organizaciones familiares quienes patrocinan esos estudios, ¿por qué no respaldar lo que siempre han creído: que la televisión violenta genera un comportamiento violento?

Pero resulta que todo lo que hemos visto en nuestra vida tiene alguna dosis de violencia, que en lugar de indignarnos, nos hace reír. Si un amigo se resbala a su lado, ¿lo primero que hace es prestarle auxilio o reírse? Ya sabemos, que carcajearnos hasta lagrimar. ¿Eso lo convierte en un sádico? Para nada. No es lo mismo ser acuchillado que caerse del columpio, en particular porque sabemos distinguir la herida del raspón, la violencia que realmente hace daño de la que no.

¿Por qué no pensar que los niños saben igual hacer esta distinción? Esencialmente porque la violencia televisiva sólo sucede en la ficción, nos da risa y para nada nos angustia. La civilidad, aunque necesaria, es bastante aburrida: nunca triunfaría un programa donde Silvestre y Piolín dirimieran sus diferencias debatiendo sobre la cadena alimenticia. Tomamos cierta violencia a broma porque sabemos que el Coyote se repondrá después de romperse los huesos en el fondo del desfiladero o que el gato Tom estará de nuevo sano y saludable en el siguiente capítulo luego de servir de camino para una aplanadora. Es por eso que la violencia ha acompañado al entretenimiento en todas nuestras épocas: llámese las caricaturas, las luchas, los videos de gente que se cae o los talk shows sobre maridos infieles que son descubiertos por sus esposas. 

     

 

TIENE USTED MUCHA BARRIGA, SEÑOR CRUELDAD

Las bromas de El Chavo, quien lo duda, son a veces tan inocentes como los chistes que traen las revistas cristianas. Sin embargo, en momentos de lucidez, Chespirito también hizo que su humor abordara la realidad con más crueldad que compasión. Y son precisamente esos atisbos de incorrección, lo más entrañable del programa.

Escena emblemática: Don Ramón no tiene dinero y está a la puerta de su casa llorando su desgracia. El Chavo acaba de recibir 10 pesos para barrer el patio de la vecindad, por lo que se encuentra escoba en mano y listo para iniciar su tarea. Sin embargo, al ver a Don Ramón tan triste, el Chavo decide, en un acto de humildad, darle su dinero. El papá de la Chilindrina le devuelve una mirada de agradecimiento. Dos segundos después, el Chavo le da la escoba y le dice: “Pero que quede bien limpiecito”.

Los mejores gags de El Chavo nos muestran lo peor de nosotros mismos. Por eso su violencia, más que irritante es divertida. 

 

BUENO, PERO NO SE ENOJEN

Un dato interesante. Para el 43% de los adultos encuestados en Ecuador, el Estado debe ser el protagonista de una prohibición de la programación violenta (es quien debe ponerle un alto al Chavo). Y en orden descendente, también deberían hacerlo los medios de comunicación, la familia y el sistema educativo. En fin, ya que el Estado no puede hacer nada para contener la violencia en la vida real, los padres consideran indispensable que por lo menos sea exitoso acabando con la violencia en la ficción.

Ahora una duda. Que haya demasiada violencia del mundo, ¿es un problema de la ficción o es un problema de la realidad? Entonces, ¿en dónde es más pertinente que se hagan los arreglos?

(Alguien debe estar pensando: Eso, eso, eso). 

     

Para quienes dudaban de El Chavo como un buen programa educativo.

7 comentarios

LuIs -

yo no se como educan asus hijos en ese pais,me parece una estupidez creer que un programa de t.v. como el chavo del 8 pueda influenciar alos niños de ecuador ala violencia,el problema no esta en los programas de t.v., esta en los padres como educan asus hijos,el chavo del 8 fue en su tiempo el programa mas visto en sudamerica, ecuador se deveria preocupar en sacar asu pais de la pobresa y dejar de hacer tonterias como estas jajaja acaso no les da verguenza hacer el ridiculo en america latina haciendo estudios tontos ??

Laura Trujillo -

¿Qué te puedo decir? En realidad a mi nunca me ha agradado el chavo, y en vez de darme risa me resulta totalmente irritante.
Y si,es terrible ver como tus vecinitos repiten una y otra vez cada frase del chavo como si fuera una gran hazaña.
En fin, como tu dices... la violencia está en todas partes y hemos desarrollado una paranoia a eso que empeora el asunto.
Y pues, por mi que prohiban en todos lados el chavo que no tiene pero nada de gracioso. Me cuesta trabajo entender como es que ven a Chespirito como lo máximo cuando el pobre tipo lejos de darme risa me da pena.
Saludos!

Fernando -

Nada, nada. No lo niegue. Usted... sí, "usted, veía chespirito" Naah saludos.
No sé por qué pero puedo ver mil veces la escena de secuencia de el chavo, Kiko, Don Ramón y Doña Florinda. Me me seguirá dando risa. A la salida de Don Ramón y Kiko se perdió el encanto.
Con permisito dijo monchito.
Me doy!
(Recuerda que seguimos esperando el artículo del beis a propósito del desapercibido campeonato 15 de los diablos rojos.
Siento que ahí se aclarará mucho de la polémica nacionalista y del encanto de los deportes en la gente).

Eduardo Huchín -

Ésta nunca trató de ser una defensa del Chavo del 8, sino una exhibición de la "paranoia respecto a la violencia" que experimentan un buen número de padres en el mundo.

KurtC. -

Sínceramente no me agrada el chavo del ocho, no termina de cuadrarme y sólo servía para no despegarme de la tele esperando los simpsons.

Luz Sepúlveda -

¡Muy bueno, querido Huchín! (Fíjate, fíjate, fíjate)

rodrigo solís -

Hace algunos años, recuerdo, los argentinos querían prohibir que transmitieran el Chavo del 8 porque según unos estudios revelaron que el programa mexicano fomentaba la imbecilidad en los televidentes. “Che, boludo, pasa lo mismo una y otra vez”, decían los padres de familia responsables argentinos.
Al final no lograron cancelar el show, incluso Maradona se declaró fan del programa y todos los padres responsables argentinos cerraron el pico y se sentaron a ver como sus hijos se volvían “imbéciles”.