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Tediósfera

Una defensa de la televisión

Una defensa de la televisión

Nada tan fácil como culpar a la televisión. Salen de ella cosas tan terribles, que si se tratara de una persona no la dejaría uno entrar a la sala de mi casa. Pero como es la televisión, le hemos permitido llegar hasta el dormitorio, y con frecuencia es la última imagen antes de dormir y la primera al levantarnos.

 

La izquierda la responsabiliza de promover los intereses oscuros del empresariado, de ocultar información, manipular los temas importantes y criticar a sus líderes. En el fondo, la izquierda desprecia a la TV por no ser como La Jornada, pero en pantalla. La derecha por otra parte culpa a la televisión de impulsar los valores más degradantes de la actualidad, de glorificar el sexo y presentar a familias disfuncionales, de exaltar la violencia y usar a modelos en ropa interior para anunciar cualquier producto. Y como la TV es lo peor que existe pero convoca a muchos votantes, tanto la derecha como la izquierda recurren a ella cuando necesitan promover sus reformas o sus consultas ciudadanas.

Los especialistas (y las madres de familia que les creen) recomiendan menos tele en la vida. Yo creo que en muchos sentidos lo auténticamente peligroso es la realidad (trate de ver un choque por TV y después protagonizarlo en la realidad para comprobar esta tesis). Pero los padres, y las Sociedades de Padres, tienen tan poca influencia sobre la realidad (ni siquiera han logrado un mundo sin cuotas escolares) que mejor dirigen su artillería contra la televisión, tan llena de mensajes reprobables, pero igualmente tan influyente en la vida de sus hijos. Es un enemigo muy obvio… y está en casa. Qué mejor que darle con todo. Ya ven ustedes: violencia electrodoméstica.

Decir que la televisión es mala es como decir que leer te hace mejor. Depende de qué veas, depende de qué leas. El problema con la TV es que se necesitan tanto dinero para realizar un programa, que por lo regular se opta por algo malo pero exitoso. El libro es un artículo tan barato de producir que da la oportunidad a los auténticos genios de salir a la luz (entre una multitud de malos autores de poesía). La TV necesita anunciantes, el libro apenas un editor arriesgado o un poeta ahorrador. Por eso hay tantos libros buenos y tantos programas desechables: porque la TV no tiene más remedio que costearse a través del éxito y el libro es de principio una apuesta perdida. La primera no arriesga para no perder, el segundo arriesga porque ya todo es ganancia. Es quizás la gran cantidad de buena literatura que puede hallarse en una biblioteca y la magnitud de estupidez que podemos encontrar en un sábado de zapping lo que ha creado el espejismo de que, por definición, leer es benéfico y ver tele, dañino. Pero no nos dejemos engañar, hay gran televisión como libros buenos en la misma proporción.

Quizás una de las confusiones proviene de creer que la TV abierta abarca toda la televisión. Es indudable que una apabullante mayoría no tiene acceso al cable, pero también son muchos quienes aún teniendo un sistema de paga son incapaces de ver buena televisión, porque ya se acostumbraron a ver la mala, le ha agarrado el gusto y buscan a Lalo España en todos lados, no importa si se tienen 70 canales que nunca ven.

Con la televisión de paga en EU las cosas cambiaron a favor del público. HBO llegó junto a un puñado de obras maestras como tarjeta de presentación. Sólo hay que recordar que su serie Los Sopranos fue recibida por el New York Times como el producto de cultura popular más importante en 25 años. Junto a la familia de mafiosos aparecieron las mujeres hablando de sexo (Sex and the City, pese a la película), la vida de una familia a cargo de una funeraria (Six feet under) o el retablo de lo que es el mundo de las drogas disfrazado de trama policíaca (The Wire).

Sin series de televisión el mundo sería un lugar más triste. El cine nos ha enseñado por poco más de un siglo el arte de comprimir una trama y contarla en dos horas. Pero el cine no basta para indagar todas las complejidades de la vida, sus nimiedades ni el coro de personajes que pueden dar forma a una historia. Se necesitarían películas de 13 horas que nadie estaría dispuesto a ver. Para ello, están las series de televisión, que transitan como transita la vida: de manera paulatina.

Ahora más que nunca, coinciden los críticos, la ficción televisiva estadounidense vive su Edad de Oro. No podía ser más aventurada a la vez que apasionada la afirmación del escritor argentino Hernán Casciari al respecto:

“Hoy, la ‘tele yanqui’ es mejor que el ‘cine yanqui’ y, posiblemente, también es más arriesgada y creativa que la literatura contemporánea en general”.

Y es que un buen número de series de gran calidad nos llegan del país vecino (Entourage, Curb your enthusiasm, The Office) y sería especialmente desafortunado no prestarles atención porque nuestra idea de la televisión proviene de los peores ejemplos de la TV mexicana: los realitys, las telenovelas o los sketches olímpicos. La buena televisión existe y está al alcance de la mano, ¿por qué no reconciliarnos con la pantalla chica en lugar de descalificarla por mero hábito?

Después de leer el libro que originó a Sex and the City y de ver la película que precedió a la serie, algo me hace suponer que hay ficciones que nacieron para ser televisión. Y eso es bueno, porque demuestra un potencial enorme en ese medio al que le hemos dado demasiados derechos en la casa, pero que a la vez le tememos más de la cuenta. La calidad en ella es un asunto de elección, como en la política. Con tan buen material por descubrir (lo mismo en la literatura, el cine o la música), hablar mal de toda la televisión también es un acto de comodidad.

 

 

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4 comentarios

Eduardo Huchín Sosa -

Eres Acacio-Ixtapan de la Sal?? Tanto si eres como si no eres él, un saludo!!!

Cuauhtémoc Acacio Juárez -

Claro, lástima que en México sólo sea vista por muy pocos, como casi todos los productos culturales. Es telvisión para élites.
Supongo también que en el resto del mundo hay cosas muy buenas, Se acuerdan de la versión televisiva de Tieta.
Lástima que en México los productos televisivos en su inmensa mayoría sólo sean telebasura.

Rodrigo Solís -

Por cierto, me alegra que hayas mencionado a Los Sopranos, Sex and the City, Six feet Under, The Wire, Entourage, Curb your enthusiasm, The Office, pero, te faltó mencionar la más importante y representativa: Familia Peluche
Excelente escrito.

KurtC. -

Simplemente la tele nos ha dado mucho (bueno y malo) y podemos (si somos pensantes) descartar lo que aporta nada a nuestras vidas.
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